UNA HISTORIA DE ALEMANIA ORIENTAL

por gascondaniel

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En Revolution 1989. The Fall of the Soviet Empire, Victor Sebestyen dedica unas páginas a la Stasi, que a mediados de los años ochenta contaba con un agente o un informante por cada sesenta y tres ciudadanos (la Gestapo había llegado a tener uno por cada dos mil personas) y rondaba el 5% del presupuesto de la República Democrática Alemana:

Quizá el caso más perturbador sea el de Vera Lengsfeld. Su padre había sido agente de la Stasi desde el fin de la guerra. Durante su juventud ella había sido una hija obediente y leal de la nomenklatura, pero luego se rebeló. Se hizo miembro del Partido Comunista pero fue expulsada en 1982, cuando se convirtió al cristianismo. Se unió a un grupo pacifista vinculado a la lglesia luterana, que empezó a protestar contra los misiles nucleares que había en Europa, incluyendo la presencia en la RDA de misiles soviéticos. La vigilaban constantemente, fue encarcelada durante breves periodos y la despidieron de su trabajo como profesora de la academia de ciencias sociales de Berlín. Sesenta agentes de la Stasi tenían el encargo permanente de vigilarla e informar de cada uno de sus movimientos. El más ocupado de ellos era su marido, el matemático Knud Wollenberger, padre de sus dos hijos, que tenía toda la apariencia de ser un compañero que la quería y la cuidaba. Wollenberger informaba a su agente encargado de la Stasi bajo el nombre en clave “Daniel”. Pasaba cada detalle de su vida, sus momentos íntimos y conversaciones en la cama, cada dolor de cabeza, excursión a la tienda, mal humor, vulnerabilidad emocional y llamada telefónica. Wollenberger la conoció, cortejó y se casó con ella siguiendo las órdenes de la Stasi. “La boda fue falsa desde el principio –contaba ella–. Nuestra vida doméstica, todo… era una mentira”. Era “inimaginable que un hombre se casara con una mujer solo por espiarla y “todavía más incomprensible que pudiera engendrar hijos en el proceso”.

Cuando ella lo descubrió, fue “como si muriera un momento y luego volviera a la vida… lo sorprendente era que los informes estaba escritos como si trataran de una extraña, no una esposa… Para él yo era una enemiga del Estado y él había hecho todo para luchar contra mí, el enemigo”. Dijo que había sido un ciudadano leal de la RDA y que cuando la Stasi le pidió que les ayudara, “Sentí que no podía decir que no”.

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