ANATOMÍA DE UNA IMPOSTURA

por gascondaniel

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La literatura de Javier Cercas (Ibahernando, 1962) intenta explicar los símbolos que articulan una sociedad. Trata de la realidad y la ficción, de la verdad y la mentira, de la naturaleza del héroe y de la construcción del mito, de la influencia del pasado en el presente. Esos temas están en ‘Soldados de Salamina’, en ‘La velocidad de la luz’, en ‘Anatomía de un instante’, en ‘Las leyes de la frontera’. Y aparecen en ‘El impostor’, una «novela sin ficción» o «relato real» en torno a Enric Marco, el presidente de la Amical de Mauthausen que falseó su biografía para presentarse como superviviente de los campos de concentración. Marco dio centenares de conferencias, aleccionó a los jóvenes sobre los horrores del Holocausto y la Deportación, recibió la Creu de Sant Jordi y emocionó a diputados españoles al explicarles los sufrimientos de las víctimas de los nazis, hasta que, poco antes de su intervención en el 60 aniversario de la liberación de Mauthausen, el historiador Benito Bermejo reveló que nunca había estado interno en un campo de concentración.

Se escribió mucho sobre el caso: a veces con una sensación de indignación o de traición, a quienes le creyeron pero también a las víctimas; a menudo con un desconcierto casi admirativo. Cercas, perplejo, molesto y fascinado, y también espoleado por algunos colegas –como Vargas Llosa y, de manera más humorística, Martínez de Pisón–, intenta entender al personaje, reconstruyendo su vida y entrevistándolo. Encuentra un camino tortuoso: Marco, nacido en 1921, hijo de una interna en el manicomio y de un padre que no se preocupó demasiado por él, se ha reinventado muchas veces. Embelleció su papel en la Guerra Civil, adornó su actuación en la posguerra, dio razones falsas para su traslado a Alemania, ocultó matrimonios, cambió de nombres, inventó un pasado antifranquista. Seductor y narcisista, es, dice Cercas, «un pícaro, un charlatán desaforado, un liante único», pero también «un novelista de sí mismo». Al mentiroso, explica, se le reconoce por su énfasis en la verdad; alguien señala que Marco usa mucho la palabra «verdaderamente». Marco sabía que las mejores mentiras se construyen con algo de verdad. Estuvo preso en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, pero no en un campo ni por motivos políticos. Escogió Flössenburg, con pocos españoles, frente a otros, como Mauthausen, donde había muchos y habrían podido desenmascararlo. En algunas cosas, para Cercas, Marco no es tan excepcional: siempre estuvo con la mayoría. Sus invenciones, donde combina un leve elemento de verdad con abundantes dosis de kitsch, corren paralelas a invenciones más sutiles y generalizadas: en los primeros años de la democracia «se inventó un pasado (o lo adornó o lo maquilló) en un momento en que alrededor de él, en España, casi todo el mundo estaba adornando o maquillando su pasado». Lo que hacía Marco, según Cercas, es ir un poco más lejos que los demás. El impostor nos fascina porque tiene algo de nosotros, como sociedad y como individuos. También le encuentra un paralelismo literario: «Lo que define a don Quijote, igual que lo que define a Marco, no es que confunda la realidad con los sueños, la ficción con la realidad o la mentira con la verdad, sino que quiere hacer realidad sus sueños, convertir la mentira en verdad y la realidad en ficción».

El impostor es un libro complejo y rico, donde Cercas revisa debates filosóficos sobre la naturaleza de la mentira, y reflexiona sobre su relación con la vida y la literatura: «Un solo dato ficticio convierte un relato real en ficción y, al modo del germen causante de una epidemia, puede contaminar de ficción todos los relatos que se derivan de él». «El resultado de mezclar una verdad y una mentira es siempre una mentira, excepto en las novelas, donde es una verdad», escribe. Es también un libro sobre la gestión del pasado: Cercas critica la preferencia por la memoria frente a la historia y «la transformación de la memoria histórica en una industria de la memoria», que vincula al éxito de Marco.

‘El impostor’ también habla del proceso de escritura. Es la biografía de Marco, la crónica de la relación entre autor y personaje, de la investigación y el making of neurótico del propio libro, donde Cercas incorpora sus dudas y los consejos que recibe. La gravedad del asunto no excluye momentos de levedad, y la amplitud del tema contrasta con que sea un libro curiosamente familiar. Es una obra obsesiva, llena de trucos narrativos, referencias literarias y mantras (La realidad mata, la ficción salva; El pasado no pasa nunca, ni siquiera es pasado) que a veces sirven para iluminar el relato y en otras ocasiones cambian de significado conforme sabemos más cosas.

La pasión y cierta ingenuidad son dos características de la escritura de Cercas. Las dos están detrás de sus grandes virtudes: la potencia narrativa, la capacidad de trabajo e investigación mezclada con una impresión de espontaneidad, la habilidad para conectar la emoción y la historia, y la combinación de ambición, inocencia y descaro necesaria para decir algo que podría parecer obvio pero no siempre lo es. Todas esas cualidades están presentes en este libro apasionante que encapsula el mundo literario de Cercas y que es, junto a Anatomía de un instante, la mejor de sus obras.

Javier Cercas. ‘El impostor’. Literatura Random House, Barcelona, 2014, 428 pp.

[Este artículo salió en Artes & Letras. Imagen.]

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