SIEMPRE FALTA UN DÍA PARA MAÑANA

por gascondaniel

CABALLITO

1.

Cosas que han pasado este verano y afectarán a Europa, por Nacho Segurado.

2.

El falso dilema de la izquierda, por Francesc de Carreras:

“Desde inicios de los años ochenta, se produjo un intenso movimiento ideológico de raíz liberal que, al amparo de notables figuras políticas como Thatcher y Reagan, recogieron la herencia de los economistas austríacos Von Misses y Hayek, una rama liberal desde hacía años olvidada debido al predominio de las ideas, liberales pero intervencionistas, keynesianas, que, en buena medida, aceptaron tanto los democristianos como los socialdemócratas.

Frente a este serio embate liberal ortodoxo, la reacción de la izquierda fue doble: reafirmarse en sus fundamentos clásicos —en especial, el intervencionismo estatista— o escapar por una nueva vía que en los últimos años venían patrocinando los pensadores postmodernos. Ambas reacciones fueron equivocadas. La primera no respondía con realismo y eficacia al nuevo escenario que planteaban los nuevos retos de la globalización. Por tanto, se impusieron las ideas liberales, especialmente las desreguladoras y privatizadoras, que fueron adoptadas por los partidos conservadores y, con ciertos retoques de carácter social, también por los partidos socialdemócratas.

La segunda reacción de la izquierda tuvo aún peores consecuencias. El postmodernismo supone, en el fondo, un rechazo de las ideas ilustradas y la vuelta a un romanticismo nihilista con un fondo nietzcheano, irracional. De ahí, entre otras desgracias, la insólita preocupación por las identidades colectivas, sean culturales, nacionales, de género o religiosas. La abundante proliferación de cultural studies en las universidades es buena prueba de ello. Que la izquierda se haya dejado seducir por tal mercancía es una prueba de la necesidad de obtener votos por parte de los partidos políticos y de la frivolidad o el interés de ir a la moda de académicos e intelectuales.

Las declaraciones de Cambadélis aciertan en el diagnóstico, pero no dan soluciones. Éstas no pueden basarse en los viejos esquemas del pasado, socialdemócratas o comunistas, ni adoptar las soluciones de los conservadores o enloquecer con el irracionalismo postmoderno, menos aún con la demagogia y el populismo. Igualdad, sólo igualdad, no identidad, es el emblema de la izquierda”.

3.

Nicolás Sarriés sobre Escocia y Cataluña. Alberto Penadés sobre cómo se gana la independencia cuando se gana votando.

4.

Amparo González sobre regular la participación ciudadana más allá de la consulta:

“Se ha optado, por tanto, por una definición extensiva de los derechos de participación ciudadana cuando el vínculo deriva de la ascendencia catalana y se reside fuera de España (descendientes de catalanes nacidos y residentes en el exterior con independencia de que hayan vivido alguna vez o no en Cataluña). En cambio, se ha adoptado un enfoque mucho más restrictivo cuando el vínculo deriva de la residencia efectiva en territorio catalán pero se es extranjero. Especialmente llamativo es el caso de los extranjeros comunitarios que gozan de derecho de sufragio en las elecciones municipales en toda España, pero a los que se les exigiría, por defecto, un año de residencia previa para participar en consultas no refrendarias. Esto puede tener algún sentido para una consulta como la del 9N, dada la trascendencia de la cuestión que se plantea; pero no como criterio general que oriente la participación ciudadana en los asuntos municipales.

Es cierto que el art. 5.3 de la Ley de Consultas prevé la posibilidad de suprimir los requisitos de residencia previa para comunitarios y no comunitarios en los casos de consultas de ámbito municipal. Sin embargo, la dispensa habrá de establecerse por y para cada convocatoria de consulta, lo que convierte el derecho de participación de los catalanes de origen extranjero en los asuntos locales de los municipios donde residen en un derecho de segunda categoría, condicional e incierto. Y no deja de ser llamativo que se deje la definición de los sujetos legitimados para participar al órgano convocante mediante el decreto de convocatoria.

Lo expuesto hasta aquí pone de manifiesto dos cosas. Primero, que aunque la Ley de Consultas debía ser el marco normativo que definiese los derechos de participación ciudadana en sentido amplio, la cercanía y dificultades de la consulta del 9N han pervertido en gran medida la finalidad de la norma, restringiendo en unos casos y ampliando en otros el derecho a participar en los asuntos municipales con criterios cuestionables. Y segundo, más allá de las circunstancias excepcionales de su redacción y aprobación, la Ley de Consultas es un ejemplo más de lo difícil y controvertido que resulta delimitar quién forma parte de ‘nuestra comunidad política’, quién es ciudadano y quién no, y de las notables resistencias a permitir la participación real de aquellos a quienes se les exige que se integren”.

5.

John Gray sobre Francis Fukuyama.

6.

Pablo Rodríguez Suanzes entrevista a Jeremy Rifkin.

7.

Tim Harford te explica cómo manejar el tiempo.

8.

Francia es como es porque los franceses quieren que sea así, cuenta Simon Kuper.

9.

Una entrevista con Ann Wroe, escritora de necrológicas de The Economist.

10.

Leonard Cohen vuelve con Problemas popularescasi como el blues.

11.

Clive James: Allá va la despedida.

[Imagen.]

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