UNAS PALABRAS SOBRE GEORGE STEINER

por gascondaniel

steiner

1.

Félix Romeo escribió:

“El libro de Steiner [Los libros que nunca he escrito] no me gusta nada porque demuestra un profundo desprecio por el ser humano (el ser humano que no es él, quiero decir). Prefiere a los perros, que tienen la suerte de no poder leer sus libros. En el texto ‘Del hombre y la bestia’, y sin duda pensando en sí mismo, escribe: ‘Hay quienes –posiblemente son muchos– quieren a los animales más que a los seres humanos. Raras veces se habla de esta verdad’.

El libro de Steiner no me gusta nada porque ataca sin parar la democracia. La ataca con argumentos lamentables y de un impresionismo tan ful que no voy a gastar el tiempo refutándolos. En ‘Petición de principio’, escribe: La democracia, un compromiso con la mayoría, hace sonar su fanfarria para el hombre común. Cuyo Dios es, en buena parte del planeta, el fútbol. El credo de la Ilustración, el meliorismo del siglo XIX, que sostenía que la escolarización de masas era el camino hacia el progreso cultural, hacia la sabiduría política, ha demostrado hace tiempo ser ilusorio’.

La democracia es tan mala para Steiner que incluso ha sido capaz de traer una vida sexual mucho peor que antes. En ‘Los idiomas de Eros’ escribe que ‘la democracia del orgasmo […] ha traído consigo una estandarización sin precedentes de la manera de decir y hacer el amor’ y que ‘el vocabulario resultante de la lujuria y la satisfacción, de la coquetería y la seducción, está muy limitado’.

El desprecio a Israel que muestra en ‘Zión’, un texto delirante donde habla de singularidades raciales, se puede entender como una consecuencia normal de su desprecio por la democracia.

El libro de Steiner me horroriza porque está contra la educación obligatoria. En ‘Cuestiones educativas’, escribe: ‘La predisposición a una cultura superior está lejos de ser natural o universal. Puede ser cultivada o multiplicada, pero solo en medida literaria’. La frase, tan necia, no merecería un comentario: pero que un ‘intelectual’ emplee la palabra ‘natural’ explica muchas de sus deficiencias interpretativas, primero, y argumentativas, después.

Su idea ‘aristócrata’ del mundo sigue destilándose en ese artículo, con perlas como esta: ‘La corrección política, el sometimiento penitencial a las exigencias del populismo hacen casi ilícito hacer frente a las profundas barreras que tal vez impidan a la mayoría de los hombres y las mujeres el acceso a los lugares elevados’”.

2.

Steiner escribe en Después de Babel:

“La estructura lingüística vertebra y parece organizar tanto la concepción dominante como la posición filosófica […] Es trivial, pero necesario, insistir en la reciprocidad entre gramática y concepto, entre formas lingüísticas y peso cultural.”

“El tejido lingüístico que habitamos, las condiciones de progresión tan profundamente arraigadas en nuestra sintaxis garantizan una resistencia tenaz y, a veces, involuntaria. Ahogados como podemos estarlo, el discurso de la esperanza, tan cercano al espíritu, nos empuja de vuelta a la superficie. Si este no fuera el caso, si nuestro sistema de tiempos verbales fuera más frágil, más impenetrable y filosóficamente menos sólido en su final siempre abierto, tal vez no seríamos capaces de dudar. Gracias a los hábitos compartidos de futuro estructurado, el individuo olvida, literalmente pasa por alto la certidumbre y le absoluto de su propia muerte. Como echa mano constantemente de una lógica de los tiempos y de una escala de los tiempos que van más allá del individuo, cada uno de nosotros identifica su propia muerte con la de la especie”.

Escribe también Steiner en Después de Babel:

“Toda una antropología de la igualdad sexual, antes de los tiempos y en el tiempo, va implícita en el hecho de que nuestros verbos, a diferencia de las lenguas semíticas, no indican el género del agente”.

El turco, el uzbeco y el indonesio, señala Guy Deutscher, no distinguen el género en el pronombre personal de tercera persona, y no son lenguas habladas por sociedades famosas por su “antropología de la igualdad sexual”.

3.

James Wood escribió en The Broken State:

“Esa grandeza se conmemora en listas ondulantes, cuyo tic habitual es un artículo indefinido de consumidor. Igual que uno pide un café, una Coca-cola, un whisky, Steiner pide ‘un Sócrates, un Mozart, un Gauss o un Galileo que, en algún grado, compensen por el hombre’ (‘Los archivos del Edén’); o ‘un Mantegna, un Turner o un Cézanne […] un Racine, un Dostievski, un Kafka’ (‘Presencias reales’). Denuncia ‘la presión de la presencia en el mundo de la mente y la sensibilidad moral que ejercen un Marx, un Freud, incluso un Lévi-Strauss, es de un calibre que la cultura estadounidense no produce’. Este no es un hábito estilístico trivial, aunque para ser justos podría ser en parte el sonido de una locución alemana convertida en inglés. Hay ‘un café’ pero no existe ‘un Mozart’. Hay Mozart, singular e intransferible: algo concreto, no un vapor. El uso de las listas y del artículo indefinido por parte de Steiner sugieren que el menú de la grandeza se puede tomar en cualquier orden o combinación, lo importante es llenarse y quedar hinchado y agradecido. Quizá Steiner detecte su hambre en estos asuntos y compense envolviendo las grandes obras en velos. Como la grandeza es una magia, uno debe tener cautela para no ofenderla, en particular a través de una descuidada mundanidad: ‘Si lo deseamos, podemos poner Opus 131 mientras tomamos el desayuno’, bromea en su libro En el castillo de Barba Azul. Eso no es algo bueno. Steiner denuncia las ásperas libertades de la modernidad, especialmente de la modernidad estadounidense. Una de sus sensaciones persistentes, sin duda acertada, es que la lectura que se producía en las familias burguesas hace cien años ha sido sustituida por la música. Esa proximidad tecnológica a la gran música está muy bien, pero uno no debería tener demasiada intimidad con lo sagrado. Steiner enuncia los peligros, en dos idiomas: ‘puede haber una intimidad sin precedentes, pero también una devaluación (désacralisation)’.

El melodrama de trascendencia de Steiner explica su aspecto de excitada gravedad. Se acerca a cada obra como si liderase un golpe de Estado para restaurar a un monarca en su trono. Primero debe sincronizar su corazón con el del lector: ‘Entramos en un terreno grande, difícil’; ‘Aquí se requiere una extrema precisión’; ‘Permitan que sea absolutamente claro en esto’; ‘De nuevo, este es asunto extremadamente complejo’. Cuanto menos precisa es su prosa, más habla de la importancia de la precisión”.

4.

John Simon escribió sobre Presencias reales:

“‘Las cuestiones sobre ‘poesía, música y arte […] son en último término cuestiones teológicas’, se nos dice, y siguen pasajes (como el de las páginas 229-30 [de la edición en inglés]I que harían que un parodista se ruborizada. Escojo arbitrariamente –y porque es corto– ‘las verticalidades de la referencia […] que siguen siendo los garantes ontológicos de los arcos de la metáfora’. Pero ¿qué se puede esperar de alguien que predica la metafísica más elevada pero ha rechazado aprender (o respetar) los rudimentos de la gramática –sobre la que, también, pontifica? […]

¿Qué se puede esperar de un crítico que, en su Tolstói o Dostoievski, realizó un análisis estilístico del ruso a partir de sus usos del artículo indeterminado y determinado, aunque el ruso no tiene artículo determinado ni indeterminado? ¿De un estudioso que, además, en un ensayo de The Atlantic Monthly, solucionó la compleja ‘cuestión homérica’ (sin saber griego): la Iliada y la Odisea son obras del mismo poeta, la primera de su airada juventud, la segunda de su calmada edad madura? O de un fellow (perdón, Extraordinary Fellow, su título en la Universidad de Cambridge; en Ginebra, es catedrático) que publicó un ensayo de dos partes en The Kenyon Review defendiendo que Robert Graves era un sobrevalorado poeta menor, pero un prosista importante e infravalorado, y citó como pruebas, entre otras, dos novelas de Graves sobre los Argonautas, The Golden Fleece y Hercules, My Shipmate, sin darse cuenta de que eran la misma novela bajo sus títulos británicos y estadounidenses?”.

[Imagen.]

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