Daniel Gascón

Mes: septiembre, 2014

NO, MINISTER

Sobre Ruiz-Gallardón y la reforma del aborto, en el blog de Letras Libres.

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LA DESIGUALDAD AL ALCANCE DE TODOS

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1.

En igualdad de competencias educativas, un alumno pobre tiene tres veces más posibilidades de repetir que un alumno rico. Injusticia insoportable, por Nicolás M. Sarriés.

2.

¿Desconfía Podemos de la ciudadanía?, por José Ignacio Torreblanca.

3.

La casta y el futuro del Reino Unido, por Sandra León.

4.

¿Sabes lo que es un clásico? Un libro que alguien intenta colarme: una conversación con un censor.

5.

David Trueba: Antena puesta:

Un total de 300 millones de euros, mejor no compararlo con otros sectores maldecidos por Hacienda, son una generosa inyección de dinero para que los españoles sigamos disfrutando de la TDT. Es un arreglo obvio e inexcusable como reparar una autopista, sí, pero queda un temor en el aire. Saber si el Gobierno ha cedido a la presión y temía el cabreo de los directivos de los canales o responde a su desvelo por el entretenimiento doméstico de los ciudadanos. Y otra gran incógnita reside en que nunca sabremos si al perder la señal los españoles habrían corrido a costear la reparación o habrían ignorado el asunto, pasando absolutamente de la oferta en TDT. Para alivio del elefante televisivo español las dudas quedan resueltas al ser el Estado quien costea la resintonización en tiempo de recortes.

6.

Amiga de JFK, antagonista de Hitler, columnista de The SpectatorMuere Deborah Devonshire, la menor de las hermanas Mitford.

[Imagen: Deborah Devonshire según Lucien Freud.]

SIN DIRECCIÓN PERO MUY DEPRISA

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1.

¿El referéndum como solución? por Ignacio Urquizu.

Y Francesc de Carreras contra los referéndums.

2.

Vuelta a un mundo que nunca existió, de Javier Solana.

Por qué el mundo se está volviendo más seguro, por Simon Kuper.

3.

Corriendo con Malcolm Gladwell.

Y una conversación sobre atletismo.

4.

Las cosas que Cercas nunca ha dicho, por Juan Cruz.

La industria de la ofensa, por Andrew Sullivan.

5.

Sangre en la frontera sur, por Jordi Vaquer.

¿De dónde vienen los europeos?

6.

La máquina de escribir clichés, por David Trueba.

Hay que huir de los tópicos como de la peste, un post de Jaime G. Mora.

[Imagen, de Allan Grant.]

BIENVENIDOS A CASA

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1.

Gordon Brown da un discurso.

2.

The Economist: Gran Bretaña sobrevive. Philip Stephens: Hay que cambiar el mobiliario del Estado.

3.

Xavier Vidal-Folch sobre el triunfo de la tercera vía:

“¿Quién ha ganado? Ha ganado la “tercera vía”, y por un margen muy sólido, más que suficiente. No se han impuesto ni el inmovilismo unionista ni el rupturismo secesionista. Los votantes han elegido el “no”, pero de ninguna manera un “no” cualquiera, que avale un estático statu quo. Los escoceses han optado por permanecer en el Reino Unido de una forma dinámica y distinta. O sea, con el decisivo añadido de la profundización del autogobierno, del aumento de las competencias autonómicas, de su blindaje. Eso, allí y en Castellterçol, se denomina “tercera vía”.

Lo verdaderamente curioso es que esta opción aparentemente no concursaba.

[…]

Hacia fuera, y como la política europea y exterior de un país no deja de ser el trasunto de la política interna, la noticia es magnífica para el europeísmo. De entrada, los europeos encontrarán alivio en el alejamiento de los peores augurios: el desgarro e inestabilidad de uno de sus principales Estados; el consiguiente avance del nacionalismo más reaccionario y defensor de las esencias patrias del partido de Nigel Farage; el posible contagio incentivador de algún otro soberanismo que ahora se queda viudo; la distorsión de la UE cuando empieza una legislatura decisiva para su recuperación económica y relanzamiento político; el lío nuclear y defensivo que una secesión hubiera supuesto para la OTAN. Pero el suceso de la votación —ese bello espectáculo, siempre digno y dignificante cuando se hace como debe hacerse— gratificará especialmente a los más europeístas. Desde hoy al Gobierno de Londres le será mucho más arduo argumentar contra los avances federales de los Veintiocho. Scots, be welcome home!“.

4.

Vidal-Folch sobre un referéndum anticatalán:

“Pero ahí afloran las severas incógnitas sobre la propia ley: Uno, configura las consultas como falsos (“simulados”, “encubiertos”) referendos, con menores garantías que estos. Dos, el voto a los 16 años contrasta con la mayoría de edad a los 18 y conculca la seguridad jurídica. Tres, elpresident invade competencias del Parlament en una materia (la convocatoria), reservada a este. Cuatro: votarían los catalanes del exterior pero en peor condición los catalanes del resto de España. Cinco, y lo peor: la falta de garantías en derechos básicos, pues para modificar los datos del registro de consultas no se necesitaría el acuerdo del votante. Lo que viola el art. 6 de la ley orgánica 15/1999 de Protección de Datos: “El tratamiento de datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado”.

Vámonos a Puerto Rico“.

5.

Eduardo Virgala y unas reflexiones jurídicas sobre la ley de consultas catalana.

6.

Preguntar fue el error, por José Ignacio Torreblanca.

7.

La democracia frívola, por Arcadi Espada.

8.

Gregorio Morán intenta frenar la estupidez.

9.

Formas de colonialismo, por Bernard Porter.

10.

Aragón, siempre integrando.

11.

Unas palabras en defensa de nuestro país.

[Imagen.]

SIEMPRE FALTA UN DÍA PARA MAÑANA

CABALLITO

1.

Cosas que han pasado este verano y afectarán a Europa, por Nacho Segurado.

2.

El falso dilema de la izquierda, por Francesc de Carreras:

“Desde inicios de los años ochenta, se produjo un intenso movimiento ideológico de raíz liberal que, al amparo de notables figuras políticas como Thatcher y Reagan, recogieron la herencia de los economistas austríacos Von Misses y Hayek, una rama liberal desde hacía años olvidada debido al predominio de las ideas, liberales pero intervencionistas, keynesianas, que, en buena medida, aceptaron tanto los democristianos como los socialdemócratas.

Frente a este serio embate liberal ortodoxo, la reacción de la izquierda fue doble: reafirmarse en sus fundamentos clásicos —en especial, el intervencionismo estatista— o escapar por una nueva vía que en los últimos años venían patrocinando los pensadores postmodernos. Ambas reacciones fueron equivocadas. La primera no respondía con realismo y eficacia al nuevo escenario que planteaban los nuevos retos de la globalización. Por tanto, se impusieron las ideas liberales, especialmente las desreguladoras y privatizadoras, que fueron adoptadas por los partidos conservadores y, con ciertos retoques de carácter social, también por los partidos socialdemócratas.

La segunda reacción de la izquierda tuvo aún peores consecuencias. El postmodernismo supone, en el fondo, un rechazo de las ideas ilustradas y la vuelta a un romanticismo nihilista con un fondo nietzcheano, irracional. De ahí, entre otras desgracias, la insólita preocupación por las identidades colectivas, sean culturales, nacionales, de género o religiosas. La abundante proliferación de cultural studies en las universidades es buena prueba de ello. Que la izquierda se haya dejado seducir por tal mercancía es una prueba de la necesidad de obtener votos por parte de los partidos políticos y de la frivolidad o el interés de ir a la moda de académicos e intelectuales.

Las declaraciones de Cambadélis aciertan en el diagnóstico, pero no dan soluciones. Éstas no pueden basarse en los viejos esquemas del pasado, socialdemócratas o comunistas, ni adoptar las soluciones de los conservadores o enloquecer con el irracionalismo postmoderno, menos aún con la demagogia y el populismo. Igualdad, sólo igualdad, no identidad, es el emblema de la izquierda”.

3.

Nicolás Sarriés sobre Escocia y Cataluña. Alberto Penadés sobre cómo se gana la independencia cuando se gana votando.

4.

Amparo González sobre regular la participación ciudadana más allá de la consulta:

“Se ha optado, por tanto, por una definición extensiva de los derechos de participación ciudadana cuando el vínculo deriva de la ascendencia catalana y se reside fuera de España (descendientes de catalanes nacidos y residentes en el exterior con independencia de que hayan vivido alguna vez o no en Cataluña). En cambio, se ha adoptado un enfoque mucho más restrictivo cuando el vínculo deriva de la residencia efectiva en territorio catalán pero se es extranjero. Especialmente llamativo es el caso de los extranjeros comunitarios que gozan de derecho de sufragio en las elecciones municipales en toda España, pero a los que se les exigiría, por defecto, un año de residencia previa para participar en consultas no refrendarias. Esto puede tener algún sentido para una consulta como la del 9N, dada la trascendencia de la cuestión que se plantea; pero no como criterio general que oriente la participación ciudadana en los asuntos municipales.

Es cierto que el art. 5.3 de la Ley de Consultas prevé la posibilidad de suprimir los requisitos de residencia previa para comunitarios y no comunitarios en los casos de consultas de ámbito municipal. Sin embargo, la dispensa habrá de establecerse por y para cada convocatoria de consulta, lo que convierte el derecho de participación de los catalanes de origen extranjero en los asuntos locales de los municipios donde residen en un derecho de segunda categoría, condicional e incierto. Y no deja de ser llamativo que se deje la definición de los sujetos legitimados para participar al órgano convocante mediante el decreto de convocatoria.

Lo expuesto hasta aquí pone de manifiesto dos cosas. Primero, que aunque la Ley de Consultas debía ser el marco normativo que definiese los derechos de participación ciudadana en sentido amplio, la cercanía y dificultades de la consulta del 9N han pervertido en gran medida la finalidad de la norma, restringiendo en unos casos y ampliando en otros el derecho a participar en los asuntos municipales con criterios cuestionables. Y segundo, más allá de las circunstancias excepcionales de su redacción y aprobación, la Ley de Consultas es un ejemplo más de lo difícil y controvertido que resulta delimitar quién forma parte de ‘nuestra comunidad política’, quién es ciudadano y quién no, y de las notables resistencias a permitir la participación real de aquellos a quienes se les exige que se integren”.

5.

John Gray sobre Francis Fukuyama.

6.

Pablo Rodríguez Suanzes entrevista a Jeremy Rifkin.

7.

Tim Harford te explica cómo manejar el tiempo.

8.

Francia es como es porque los franceses quieren que sea así, cuenta Simon Kuper.

9.

Una entrevista con Ann Wroe, escritora de necrológicas de The Economist.

10.

Leonard Cohen vuelve con Problemas popularescasi como el blues.

11.

Clive James: Allá va la despedida.

[Imagen.]

EL LIBRO DE LA VIDA

Una reseña de La muerte del padre y Un hombre enamorado de Karl Ove Knausgård, en el número de septiembre de Letras Libres.

SIN OTRA RAÍZ QUE LA LEY COMÚN

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1.

Alain Bouldoires defiende el derecho a la blasfemia.

2.

La identidad como desdicha, por Fernando Savater:

A mi juicio la identidad descrita por Finkielkraut es desdichada pero no francesa. La identidad francesa en política (la cultura va aparte) es la ciudadanía sin otra raíz que la ley común ni otros condicionamientos que los racionalmente pactados entre iguales. El laicismo, ciertamente inseparable de la república democrática, no sólo libera a la cosa pública de cualquier servidumbre a creencias teocráticas, sino también de la obligación de respetar tradiciones, genealogías o señas étnicas particulares. A los ciudadanos los determina el reglamento a partir del cual nacen para el futuro, no los orígenes que les anclan —y quizá les enfrentan— en el pasado. Así Francia, ojalá así Europa.

3.

El fraude de la Revolución Neolítica y otras aventuras: un almuerzo con Yuval Harari.

4.

El Estado, la esterlina y los huevos, por Manuel Conthe.

5.

Ramón González Férriz lee algunos libros sobre el Estado.

6.

Cuatro razones por las que España no luchará contra el Estado Islámico.

7.

Cinco mitos feministas, según Christina H. Sommers.

8.

Simon Kuper y Alison Mackey sobre aprender idiomas.

9.

Música, maestro.

[Imagen, de David Bruce.]

 

CHÉJOV CONTRA TOLSTÓI

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En 1894, Antón Chéjov le transmitía a su editor Suvorin estas opiniones sobre Tolstói:

“Quizás porque he dejado de fumar, la moralidad de Tolstói ha dejado de conmoverme: en el fondo de mi alma me siento hostil a ella, y eso por supuesto es injusto. La sangre campesina fluye por mis venas, y no se me puede asombrar con las virtudes campesinas. Desde niño he creído en el progreso y no podría actuar de otra manera, puesto que la diferencia entre el tiempo en que me azotaban y el tiempo en que las palizas terminaron es enorme. Me encantan la gente inteligente, la sensibilidad, la cortesía, el ingenio… No me afectaban las proposiciones básicas, que se conocían de antemano, sino la manera que tiene Tosltói de expresarse, el didactismo y probablemente una especie de hipnotismo. Ahora hay algo de mí que protesta: el cálculo y la electricidad y el vapor muestran más amor por la humanidad que la castidad y el vegetarianismo.”

Citado en Anton Chekhov. A Life, de Donald Rayfield.

[Imagen.]

VAMOS A TENER MÁS QUE PALABRAS

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1.

Diez reglas gramaticales que está bien romper, por Steven Pinker.

2.

Todos rieron. Pero no sabían por qué.

3.

Una conversación con Emmanuel Carrère.

4.

Solo tengo 66 años. Mis cuadernos están llenos de ideas“, dice Ian McEwan.

5.

Indefinidos de importación, por Luis Magrinyà.

6.

Por qué es tan difícil encnotrar las porpias erratas.

7.

Blindar la competencia, no las lenguas, de Juan Claudio de Ramón y Mercè Vilarrubias.

8.

Becas para escribir de la Escuela de Humanidades y becas para leer de Eleanor Catton.

9.

Will Self dice que Orwell era una mediocridad literaria.

10.

Jorge Carrión: Cómo escribir una novela política.

11.

Rescate: lo que decía Reig y la ejemplar respuesta de Andrés Ibáñez.

[Imagen.]

 

LA REGENERACIÓN Y NOSOTROS, QUE LA QUISIMOS TANTO

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1.

José Fernández-Albertos: Cómo no hacer una reforma electoral:

Nuestros gobernantes han considerado que no somos ciudadanos lo suficientemente adultos para hablar de estas cosas, y mucho menos para evaluar los pros y contras de cada alternativa. Sin haber escrito (o al menos, sin haber difundo) ni un mísero documento, sin decirnos qué es lo que se quiere corregir ni cómo, se nos habla de una reforma para “elegir directamente a los alcaldes” (cuando luego nos enteramos de que lo que está sobre la mesa no es la presidencialización del sistema político municipal, sino simplemente dar un premio de mayoría a la lista más votada, una cosa muy distinta) y de impedir “que se elijan a los alcaldes en los despachos” (es increíble que haya personas que usen sus puestos de responsabilidad política para desacreditar de manera tan torticera nuestro sistema político actual).

Dejando de lado las formas, ¿qué consecuencias tendría el cambio del que se está hablando? Aquí tenemos que ser un poco atrevidos y fiarnos de lo que dicen los periodistas a partir de “fuentes bien informadas”, porque a fecha de hoy no sabemos a ciencia cierta qué es lo que se quiere hacer. Parece que la idea es otorgar la mitad más uno de los concejales a la lista que obtenga el 40% de los votos, siempre que la segunda lista no alcance el 35%. (De nuevo, habría que preguntarse por qué a dar un premio de mayoría a la minoría con más votos le llaman algunos “elección directa de alcalde” y no “triple salto con tirabuzón”, que es un nombre mucho más bonito y rimbombante).

Por supuesto, dar un premio de representación a la lista con más votos no es una excentricidad. En nuestro entorno, es algo que hace Grecia cuando elige a su parlamento, y a nivel local, en muchos otros lugares. La idea es sencilla: dar una ventaja a los grandes partidos para así facilitar la formación de gobiernos y darles estabilidad en contextos de alta fragmentación partidista.

Hay que recordar sin embargo que régimen electoral local ya tiene algunas características que benefician a los partidos más votados: para entrar en el reparto de concejales es necesario obtener un 5% de los votos (un umbral muy alto en términos comparados, y que sirve para excluir a muchas candidaturas pequeñas). Gracias a esta regla, por ejemplo, el Partido Popular obtuvo en Logroño en las pasadas elecciones el 63% de los concejales pese a obtener “sólo” el 47,7% de los votos emitidos. En segundo lugar, la actual LOREG ya especifica que si ningún candidato logra una mayoría absoluta de apoyos en el pleno, se nombrará alcalde al líder de la lista más votada.

Pero la propuesta va más allá: con obtener el 40% de los votos bastará para controlar en solitario el gobierno municipal. ¿Cuáles son algunas de las consecuencias que cabría esperar de esta medida?

  1. Habrá más gobiernos monocolor. Estaría bien disponer de evidencia que indicara que tales gobiernos son más transparentes, menos corruptos y mejores gestores que los gobiernos en minoría o en coalición. Pero no la tenemos.
  2. Si la fórmula es, como se ha mencionado, mantener el reparto proporcional según la fórmula d’Hondt pero forzando que si una lista obtiene el 40% de los votos tenga la mitad más uno de los concejales, ocurrirá que habrá más gobiernos sostenidos por una mayoría mínima de concejales (todos aquellos en los que haya una lista con entre el 40% y el 50% de votos). Con más mayorías de un sólo concejal, es sorprendente que se presente la reforma como una forma de impedir el transfuguismo, cuando uno pensaría que indirectamente lo incentiva.
  3. Los partidos que dispongan de un porcentaje de votos superior al 40% del voto válido (que, en circunstancias normales de participación, se corresponden con un 25% del censo electoral), no tendrán ningún incentivo a ensanchar su base de apoyo. Para ellos, tendrá más sentido mantener satisfechos a la minoría de afines y leales que tratar de convencer a otros votantes.

Esto no es en absoluto una lista exhaustiva de consecuencias de la reforma. Señalo sólo estas para mostrar que hay motivos para cuestionar su supuesta bondad intrínseca, y que los ciudadanos al menos nos merecemos un debate sobre pros y contras de este cambio de las reglas del juego. Porque sin ese debate, a muchos no nos quedará más remedio que concluir que el partido en el gobierno está cambiando algo tan importante como el sistema electoral en su propio beneficio. Y eso no es regenerar la democracia. Es emponzoñarla.

Y: La izquierda ante la elección directa de alcaldes.

2.

Vota Podemos, vota PP.

3.

El confidencial Montoro, por Arcadi Espada. Y un rescate: Dos o tres cosas sobre Montoro.

4.

Nacionalismo y dinero, por José Álvarez Junco:

Las sociedades atraídas por los movimientos identitarios tienden a ser tribales, familiares. Son relativamente pequeñas, todos se conocen, todos saben si este es o no de los nuestros, y es difícil infiltrarse o triunfar socialmente si se es foráneo. En el caso catalán, se trata de una élite, predominantemente barcelonesa, de conocidos y muchas veces emparentados, que se siente con derecho a ser dueña (política; pero no solo, como demuestra la familia Pujol) de toda Cataluña, para lo cual ha conseguido imponer un discurso que achaca todos los males a las interferencias de “Madrid”.

El nacionalismo se combina mal con el capitalismo y se explica difícilmente en términos de clase, pero, en cambio, se combina y se explica muy bien, como tantas otras pugnas identitarias, en términos de corporativismo y clientelismo.

Llamamos corporativismo a la tendencia de un grupo o sector social a reforzar su solidaridad interna y defender sus intereses y derechos particulares, anteponiéndolos a los principios de justicia, al interés general de la sociedad y a los perjuicios que puedan ocasionar a terceros. Es un fenómeno típico de núcleos humanos con lazos de parentesco, como clanes y etnias; y es muy común en el mundo mediterráneo, así como en amplias zonas de América Latina, Asia y África; son casos de “sociedad civil” fuerte, pero no beneficiosa.

En política económica, el corporativismo significa la reglamentación de la producción, el comercio y los precios por parte del Estado, que atribuye a grupos o cuerpos profesionales el control y la explotación exclusiva de cada sector productivo. Es lo más opuesto al libre mercado. Fue la organización típica del Antiguo Régimen, articulada alrededor de gremios y cofradías, y en tiempos modernos un corporativismo autoritario fue defendido por el catolicismo social, los fascismos y los populismos, que han pretendido superar la lucha de clases integrando a trabajadores, técnicos y empresarios en corporaciones unificadas, bajo control estatal. El corporativismo es también muy del gusto de los sindicatos y en el capitalismo moderno persisten importantes fenómenos neocorporativos.

Los nacionalismos, por definición, están imbuidos de espíritu corporativo: no solo porque las corporaciones dan identidad sino porque aseguran la estabilidad y la permanencia de las mismas élites en las posiciones de poder. A cambio, perjudican la libertad individual y la creatividad. Temen, al contrario que el capitalismo ideal, la libre competencia, la innovación y el futuro abierto.

5.

Esa “vigilancia patriótica”, por Xavier Vidal-Folch.

6.

La resignación innecesaria: Jorge Galindo sobre Sánchez-Cuenca, la Unión Europea y la crisis de las instituciones españolas.

7.

La universidad a la que vuelve Rubalcaba, por José Luis Puerta.

8.

Una conversación con José Ignacio Wert.

[Imagen, de John Gutmann.]