EL PASADO NUNCA MUERE

por gascondaniel

faulkner

1.

¿Sirve de algo conocer la historia?, por Adam Gopnik.

2.

¿Cómo se cruza una línea roja de Estados Unidos? Despacio. Por Max Fischer.

3.

Cuando bailas con un oso, no dejas de bailar cuando te cansas. Terminas cuando el oso está cansado: Philip Bobbitt cita esa frase de Robert Strauss escribiendo sobre aliados y enemigos.

4.

La guerra en Europa no es una idea histérica, por Anne Applebaum.

5.

¿Es Podemos una alternativa para la izquierda?, por Antonio Roldán:

6.

Legalidad y democracia: palabras mágicas, por Antonio Zabalza.

Porque cuando Mas habla de legalidad, nadie sabe a ciencia cierta a qué se está refiriendo. En su reunión con los medios el 5 de agosto dijo, de forma un tanto enigmática, que la ley de consultas “será una ley”. ¿Qué quiso decir con esta aparente obviedad? Acaso que la ley de consultas ¿será una ley auténtica, dotada de la autoridad que le confiere su promulgación por parte de una institución del Estado (el Parlamento catalán) cuyas competencias amparan esta acción, y circunscrita a prescripciones sobre las que esta institución puede legislar? Si fuera así, sería difícil explicar los cuatro votos particulares (sobre un total de nueve) del dictamen del 19 de agosto del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña, criticando que el proyecto de ley pretenda dar cobertura a un “referéndum encubierto” sobre la secesión de Cataluña. Sin enmiendas muy sustanciales en lo que resta de trámite parlamentario, la ley de consultas no será una ley porque el Parlamento catalán no tiene competencias sobre esta cuestión, ni el colectivo de españoles interesados cabe en su jurisdicción. Y aun si tales enmiendas fueran aceptadas, la ley resultante, que entonces sí sería una ley, no daría cobertura a la convocatoria de un referéndum sobre la secesión: la ley de consultas sería una ley auténtica, pero la convocatoria un acto ilegal.

En la misma comparecencia del 5 de agosto, como anticipándose a estas dificultades, Mas echó mano de la segunda palabra mágica: democracia. “La consulta debe llevarse a cabo bajo tres grandes parámetros, que son la democracia, las leyes y el diálogo; no solo las leyes y el diálogo”. Añadiendo “democracia” a la condición de “legalidad”, Mas pareció mostrarnos la clave que le autoriza a proceder con sus planes: la consulta “se hará y será legal” porque “no es el capricho de unos cuantos políticos, sino la voluntad de todo un pueblo”.

El enigma se convierte en despropósito cuando descubrimos que, según Mas, lo que otorga legalidad a la ley de consultas es la democracia. La democracia es el mejor de los métodos para tomar decisiones, para dar y retirar poder a los Gobiernos y para determinar la forma constitucional de los mismos. Pero la democracia no puede convertir en legal algo que no lo es. La legalidad es anterior a la democracia. Viene de la autoridad conferida a las instituciones por una comunidad de gobernados, que acepta las obligaciones derivadas de un cuerpo de leyes de carácter no instrumental, del que nadie puede ser excluido y que, en palabras de Oakeshott, “mitiga el conflicto sin imponer la uniformidad”. Un cuerpo de leyes que establece el procedimiento por el que estas mismas leyes, en todos sus niveles, pueden ser modificadas.

Con independencia de cuáles sean sus palabras, Mas está realmente diciendo que va a utilizar el aparato de poder que el Estado pone en sus manos para organizar un acto (el referéndum) con total desvinculación del marco constitucional del que proceden las potestades de este gobierno. Si se mantiene en lo que ahora anticipa, va a presidir la acción de un Gobierno sin ley y va a utilizar de forma impropia los medios que se le han otorgado como máximo representante del Estado en Cataluña. Por muchas y fuertes que sean las presiones a las que está sometido, Mas, el presidente de la Generalitat, no puede, no debe y esperemos que no haga nada de lo que insinúa que va a hacer.

Pero aún más preocupante es su afirmación de que la consulta se hará respondiendo a “la voluntad de todo un pueblo”. La voluntad del electorado, expresada en las últimas elecciones de noviembre de 2012, determinó mayorías relativas para formar el Parlamento y el Gobierno de una comunidad autónoma, instituciones ambas entre cuyas competencias no figura la organización de consultas sobre la secesión de Cataluña. Los límites de actuación de Parlamento y Gobierno no lo deciden los programas electorales. Sería inconcebible que la arquitectura institucional del Estado variara según el resultado de cada contienda electoral. Las democracias modernas y consolidadas simplemente no funcionan así.

7.

Por dignidad, por Arcadi Espada.

8.

Un viejo y honorable corsé, por Ramón González Férriz.

9.

Un almuerzo con John Lanchester.

10.

La persona más rica en cada país europeo.

11.

Contra la empatía, por Paul Bloom

12.

Héroes, por Luis Faci.

[Imagen.]

Anuncios