Daniel Gascón

Mes: julio, 2014

MANIPULA QUE ALGO QUEDA

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1.

Jorge San Miguel: SICAVs, pensiones y linchamientos. Una buena explicación y una reflexión final:

La dignificación del ejercicio de la política, y la asignación de recursos suficientes a los que la ejercen, especialmente en el caso de representantes electos, ha sido una aspiración tradicional de la izquierda. Y, en cualquier caso, representa la garantía de que la carencia de patrimonio no va a ser un obstáculo para acceder a una carrera política y al ejercicio de la representación pública. No obstante, desde hace unos años, y ante el comprensible cabreo de buena parte de la ciudadanía por la crisis económica, las deficiencias en la gestión pública y la frecuente falta de ejemplaridad, esta aspiración ha dado paso a una frecuente y transversal demagogia antipolítica. Queremos tener a los políticos más formados y honrados, pero pretendemos escatimarles las condiciones que los atraigan a la política y los alejen de otras ocupaciones o tentaciones. Nos escandalizan las “puertas giratorias”, pero también las carreras largas y asegurar el futuro de quienes entran en política. Uno, quizás ingenuamente, cree que estas actitudes son hasta cierto punto entendibles, pero que los medios deberían tener más cuidado que nunca para no atizarlas; y, desde luego, nunca ponerse a la cabeza de ellas, por más que sea nadar a favor de corriente.

2.

La reforma de los alcaldes: Vestir con ropajes de regeneración lo que es manipulación electoral pura y dura, por Pablo Simón.

3.

Rosell y algunos problemas con los números, por Florentino Felgueroso.

4.

La Declaración de la Independencia y un problema de puntuación.

5.

José Antonio Montano: una izquierda sin complejos.

6.

Solicitudes de asilo aceptadas en 2013.

7.

Un ejemplo del control público de los medios.

8.

Sí, sí: una despedida de Sidney Morgebesser.

9.

Isaac Patch: los derechos civiles y el plan Marshall de la mente.

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PAUL MAZURSKY CUENTA CÓMO ESCRIBE UN GUION

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Ha fallecido el director y guionista Paul Mazursky, autor de películas como Bob, Carol, Ted y AliceUna mujer descasada o Enemies. A Love Story, basada en la novela de Isaac Bashevis Singer. Este extracto sobre la escritura es del libro de conversaciones con guionistas estadounidenses de los 70 y 80 Backstory 4 (Plot), donde Patrick McGilligan entrevista a Robert Benton, John Milius, Lawrence Kasdan, Elmore Leonard, Ruth Prawer Jhabvala y Donald Westlake, entre otros. Uno de los sitios en los que se puede comprar el volumen es la librería La buena vida, que vuelve a abrir mañana en la calle Vergara de Madrid.

¿Cómo ha cambiado físicamente su escritura? ¿Comenzó con lápiz y papel, con una máquinade escribir?

Trabajaba con un cuaderno y un papel y desarrollaba la historia.Después empezaba con la máquina de escribir. Escribo cincuenta y cinco palabras porminuto. Desarrollo, mucho lápiz, cuaderno; lo tiro, elaboro una escaleta. Solía mecanografiar el guión, hacía un par de copias, me iba al desierto y copiaba y pegaba con celo y tijeras. Después reescribía, daba forma, tiraba, todo eso. El ordenador ha hecho que ese proceso resulte obsoleto.

¿Lleva horarios y se obliga a escribir cierto número de páginas al día?

Mi tendencia ha sido escribir por la mañana, que es cuando tengo más energía. Voy a mi oficina a las nueve y media o diez y escribo hasta la una.

¿Y llega a…?

A veces nada. Una palabra. A veces siete páginas. Muy pocas veces. Pero me gusta irme sabiendo que, cuando vaya al día siguiente, puedo empezar con x. Consigo hacerlo la mitad de las veces. Tengo la idea del día siguiente en la cabeza.

¿Relee todo lo que ha escrito anteriormente antes de comenzar al día siguiente?

No lo planeo, pero lo hago a menudo. Miro un par de páginas más atrás, me digo: «Espera un segundo». Después lo leo entero. Una de las razones es que así tienes treinta minutos menos para escribir; harías cualquier cosa para empezar más tarde. Sacas punta a un lápiz durante media hora. «Quiero sacar punta a todos mis lápices. No quiero sacarle punta a un lápiz. Además, la silla está un poco baja, y no encuentro un destornillador…» Al final ya es mediodía, gracias a Dios. He hecho cosas así muchas veces. En serio.

Siempre se dice que es mejor empezar una escena en el último momento, siempre que el público pueda entenderla.

¿Quién lo dice?

La gente que escribe los manuales de guión.

No lo saben. No lo saben. Me matarán por esto, pero estoy en contra de muchos de esos libros. ¡No hay reglas! ¿Estructura? Por cada ejemplo que me ponga, yo le hablaré de una película magnífica que incumpla una de esas reglas.

¿Los guiones deben tener una «revelación» en el minuto noventa, debe suceder algo en la página sesenta y seis?

Sólo hablo por las películas que veo. Si el hombre o la mujer que escribió la película que he visto hizo un buen trabajo, y recibió la ayuda o la influencia de esa gente, estupendo. Pero la mayor parte de las películas que veo no son muy buenas, así que no pueden haber obtenido mucha ayuda de esa gente.

¿Dice sus frases en voz alta cuando las escribe?

A veces leo todo el guión en voz alta antes de entregarlo. Cuando he acabado la primera versión, ya he recitado todas las frases. Tengo la ventaja de ser actor, pero en muchos de los papeles que he interpretado a lo largo de los años [para otra gente], resultaba imposible decir algunas palabras. Era físicamente imposible pronunciarlas sin que se te trabara la lengua. Obviamente, el que escribió esos guiones no sabía que hay que leer las frases en voz alta.

¿Después de todo esto, todavía le gusta escribir?

Sin duda me gusta la idea de escribir. Es lo más difícil para mí. Y puede que haya llegado a esa edad en la que no concluyes muchas de las ideas que se te ocurren. Tengo una historia sobre un escultor de unos sesenta años, que se obsesiona porque hay gente que no le merece mucho respeto y que recibe, al morir, necrológicas fabulosas. No lo comprende, porque no son buenos artistas. Y empieza a obsesionarse por su propio obituario. Después quiere leer su propia necrológica. ¿Existe? Y, por supuesto, descubre que The New York Times ya tiene escrito su obituario, pero no le permiten leerlo, y eso lo ofusca todavía más. Pone en marcha una estratagema, y consigue leerlo. Y, por Dios, no es tan bueno, ni de lejos, como algunos de los otros.

No le voy a contar el resto.

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ALGUNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS

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1.

Nick Hanauer: Llegan las horcas… y vienen a por nosotros, plutócratas.

“Queridos compañeros del 1%: muchos de nuestros conciudadanos empiezan a creer que el propio capitalismo es el problema. Yo no estoy de acuerdo, y estoy seguro de que vosotros también. El capitalismo, bien gestionado, es la mejor tecnología social que se ha inventado para crear prosperidad en las sociedades humanas. Pero el capitalismo sin control tiende a la concentración y el colapso. Se puede gestionar para beneficiar a unos pocos a corto plazo o a muchos largo plazo. La función de las democracias es llevarlo hacia lo segundo. Por eso las inversiones en clase media funcionan. Y las exenciones fiscales para ricos como nosotros no. Equilibrar el poder de los trabajadores y los millonarios subiendo el salario mínimo no es malo para el capitalismo. Es una herramienta indispensable que los capitalistas inteligentes usan para hacer que el capitalismo sea estable y sostenible. Y nadie se juega más que los hipermillonarios como nosotros”.

2.

José Fernández-Albertos sobre la desigualdad en España:

“Un análisis de la estructura de la desigualdad indica que somos un país más desigual que nuestros vecinos no porque nuestra clase media sea particularmente pobre en relación a los más ricos, sino porque nuestra clase baja es particularmente pobre respecto a la clase media”.

3.

Roger Senserrich: Por qué un Estado de bienestar para pobres es mala idea.

4.

Octavio Medina: Focalización versus universalismo.

5.

Cierre en falso de la crisis europea, por Antón Costas.

6.

Una conversación con William Easterly.

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ENTREVISTA CON ANNE APPLEBAUM

Anne Applebaum (Washington, 1964) lleva muchos años investigando el legado del comunismo en Europa y las transiciones a la democracia de los países que formaron parte del bloque soviético. Ganó el Premio Pulitzer por Gulag (Debate, 2008), que describía el sistema penal de la urss, y acaba de publicar el espectacular ensayo El telón de acero (Debate), donde narra la implantación del totalitarismo en Europa del Este entre 1944 y 1956. Fue corresponsal de The Economist en Varsovia a partir 1988 y editora de The Evening Standard. Está casada desde 1992 con Radosław Sikorski, ministro de exteriores de Polonia y dirige el Foro de Transiciones del Legatum Institute en Londres. Publica regularmente en The Washington Post y otros medios sus análisis sobre política y relaciones internacionales.

Dos extractos:

Ha dicho que el origen de El telón de acero está en Gulag. Una de las cosas que se preguntaba es por qué el sistema comunista pudo tener tanto éxito: cómo el estalinismo se extendió rápidamente por el territorio devastado de la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Parte de la explicación tiene que ver con lo que estaba contando: se creaban fuerzas de policía secreta mucho antes de que llegara el Ejército Rojo a estos países. En segundo lugar, estaba el uso de violencia dirigida. Cuando llegó el Ejército Rojo, no se producían atrocidades en masa, sino que seleccionaba a personas concretas que parecían posibles líderes nacionales. Tenían información previa, sabían a quiénes buscaban. Otra parte de la explicación tiene que ver con la forma en que manipulaban no tanto los medios de comunicación en general como la radio en particular. Capturaron la sede central de la radio nazi en Berlín y tuvieron mucho cuidado de que no se destruyera en los últimos días de la guerra, para que pudiera convertirse rápidamente en la radio alemana procomunista. Cuando trajeron aviones llenos de comunistas alemanes desde la Unión Soviética, una de las primeras cosas que hicieron fue poner a algunos al mando de las emisoras de radio. Eran muy conscientes de la importancia de los medios de masas. Otra parte de la respuesta tiene que ver con que la escala y el impacto psicológico de la guerra habían debilitado la idea de la democracia occidental.

[…]

La gente no tenía el tipo de opciones que tenemos nosotros. Si tú eras un húngaro en 1948, no era tan fácil marcharse de tu país, sin hablar idiomas, e irte a otro sitio. Y así, a veces, te tenías que quedar e intentabas encontrar la forma de seguir viviendo. En ocasiones tenías que cooperar, tenías que colaborar, y otras veces podías evitarlo. Pero la gente tenía elecciones difíciles. No era Suiza. Las opciones serán malas. Terminé comprendiendo a la gente que vivía en esa época, aunque algunas personas hicieran cosas que me gustaría pensar que yo no habría hecho. Pero yo no tengo que afrontar esa elección. No tengo que pensar: o trabajo para el gobierno o pierdo mi trabajo y mi piso y mis hijos no podrán ir a la universidad. En esa época la gente debía afrontar ese tipo de elecciones.

En Letras Libres, el resto de la entrevista.