MEMORIA DE SUS PUTAS TRISTES

por gascondaniel

1.

Xavi Ayén cita en su estupenda crónica Aquellos años del boom (RBA, 2014) un texto que Gabriel García Márquez publicó en 1980 (en el enlace está el artículo completo). Escribía García Márquez:

“Yo llevaba todavía la imagen idílica de los burdeles del Caribe, aquellos patios de baile con guirnaldas de colores en los almendros, con gallinas impávidas que andaban picoteando por entre la música y bellas mulatas sin desbravar que se prostituían más por la fiesta que por la plata y que a veces incurrían en la descomunal inocencia de suicidarse por amor. A veces, uno se quedaba con ellas no tanto por la vagabundina -como decía mi madre- como por la dicha de sentirlas respirar dormidas. Los desayunos eran más caseros y tiernos que los de la casa, y la verdadera fiesta empezaba a las once de la mañana, bajo los almendros apagados.

Educado en una escuela tan humana, no podía sino deprimirme el rigor comercial de las europeas. En Ginebra merodeaban por las orillas del lago, y lo único que las distinguí a de las perfectas casadas eran las sombrillas de colores que llevaban abiertas con lluvia o con sol, de día o de noche, como un estigma de clase. En Roma se les oía silbar como pájaros entre los árboles de la Villa Borghese, y en Londres se volvían invisibles entre la niebla y tenían que encender luces que parecían de navegación para que uno encontrara su rumbo. Las de París, idealizadas por los poetas malditos y el mal cine francés de los años treinta, eran las más inclementes. Sin embargo, en los bares de desvelados de los Campos Elíseos se les descubría de pronto el revés humano: lloraban como novias ante el despotismo de los chulos inconformes con las cuentas de la noche. Costaba trabajo entender semejante mansedumbre de corazón en mujeres curtidas por un oficio tan bárbaro. Fue tal mi curiosidad que, años después, conocí a un chulo floriod y le pregunté cómo era posible dominar con puño de hierro a mujeres tan bravas, y él me contestó, impasible: «Con amor». No volví a preguntar nada, por temor de entender menos”.

2.

Sobre García Márquez y el relativismo.

 

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