EL MINISTRO DE JUSTICIA NO QUIERE QUE VAYAS AL INFIERNO

por gascondaniel

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1.

Rescate: Delitos y pecados:

Lo que molesta a los sectores conservadores no es el derecho a la vida, sino la libertad sexual. En las democracias occidentales, la prohibición del sexo antes del matrimonio, del onanismo, del divorcio o de los anticonceptivos son ya batallas perdidas; por eso se redoblan los esfuerzos en torno al aborto. Uno de los motivos principales de que exista un debate público sobre el asunto es una cuestión de localización. El aborto se produce en el terreno que las religiones del Libro han intentado controlar con más insistencia: el aparato reproductor femenino. Si no fuera así, el aspecto político del debate habría quedado cancelado hace tiempo: el debate moral seguiría existiendo, pero sería una íntima cuestión de conciencia. Contrariamente a lo que podría parecer, que el aborto esté despenalizado no significa que sea obligatorio. Y, por otra parte, la vida está llena de cosas que son discutibles o inaceptables según algunos sistemas morales y que sin embargo no son delito. En palabras de Fernando Savater:

Las leyes contemporáneas de las democracias avanzadas no pretenden zanjartodas las disputas morales, sino impedir que lo que unos consideran pecado deba convertirse en delito para todos. Como todo reconocimiento institucional  de la libertad de conciencia, ello obliga al incómodo ejercicio de convivir con  lo que no nos gusta y aceptar que no se castigue penalmente las  transgresiones de lo que nosotros íntimamente nos prohibimos.

La pregunta es: ¿debe una mujer ir a la cárcel por abortar? Ni siquiera lo cree el ministro Ruiz Gallardón. (Y las organizaciones ultracatólicas, abogadas de la tiranía de la mente discontinua que equiparan el aborto con el asesinato y dicen que abortar un embrión es matar a un niño presumiblemente encantador, piden que se prohíba la interrupción del embarazo, no que se clasifique como homicidio.)

Uno de los aspectos más tétricos de la postura del Partido Popular es el paternalismo con el que ha tratado el asunto. Mediante una batería de datos falsos y demagogia –que hizo que una de sus diputadas, Celia Villalobos, abandonara la sesión del Congreso, y ha incluido desde revisiones de Foucault a una pasmosa preocupación por la desigualdad económica–, se ha presentado la mujer que toma una decisión difícil como víctima, como un ser incapaz de decidir sus actos. Es un insulto a la realidad, un menoscabo a la dignidad de las mujeres que abortan y a la inteligencia de los ciudadanos. Volver a una ley de supuestos, como ha anunciado el PP, va en la misma dirección condescendiente: esa normativa, que obliga a una mujer a decir que es incapaz psicológicamente de tener un hijo para abortar, es una manera de declarar simbólicamente la minoría de edad mental de las españolas. Que la parte más conservadora de la derecha española, en alianza con la Iglesia Católica, afease a la izquierda su papel en la defensa de los derechos de la mujer a lo largo de la historia, como ha hecho el ministro de Justicia, recordaba por momentos al conde Drácula reprochando un chupetón.

Es posible que la especulación sobre la eliminación del aborto eugenésico sea finalmente una demostración de que el PP se ha aficionado a una de las tácticas preferidas del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: el globo sonda. Pero, aun así, es inquietante. No se le puede impedir que una mujer tenga un hijo sabiendo que va a ser discapacitado o va a tener una malformación. Pero tampoco se le puede obligar a tenerlo. El jesuita Juan Masiá Clavel escribía:

Es ambiguo hablar de malformaciones en general, equiparando casos, desde  un simple estrechamiento del conducto esofágico en un síndrome de Down  hasta una anencefalia. Tampoco es coherente penalizar la interrupción del  embarazo en supuestos seriamente graves, a la vez que se recorta el apoyo  con la ley de dependencia a la crianza, sanidad y educación de esa vida  discapacitada. Ni se puede lanzar la acusación de antivida a quienes optaron  dolorosamente por un mal menor en situación de conflicto, ni es  necesariamente provida la postura que impone por motivaciones ideológicas  la opción contraria.

[…] un feto anencefálico carece del mínimo neurológico-estructural como  soporte para formar una persona, desde respirar autónomamente hasta  capacitarse para actos estrictamente humanos. Si hay razones para no  interrumpir su alumbramiento, no será por considerarlo realidad humana  personal. Su aborto no es comparable a matar un ser humano. Un feto con  una malformación incompatible con la vida extrauterina (por ejemplo,  agenesia renal irremediable) tampoco sobrevivirá.

En cambio, es delicado el caso de fetos con patología grave incurable, solo  con solución paliativa. El doctor Francesc Abel, con doble perspectiva de  obstetra y teólogo moral, concluía: “Ante tal diagnóstico prenatal, muchos  progenitores solicitan interrumpir la gestación, acogiéndose al tercer supuesto  de la ley… Aunque objetivamente cueste asentir, debemos respetar a quienes  se encuentran en esta situación y sus decisiones” (Diagnóstico  prenatal, Instituto Borja de Bioética, 2001, 3-26).

La consecuencia de esa cerrazón ideológica sería imponerle a una madre un hijo enfermo, y exponerlos a los dos a dificultades y padecimientos. Por ejemplo, una mujer o una pareja puede tener problemas a la hora de pensar en otros hijos: no solo por temor a que la discapacidad vuelva a aparecer, sino por la posibilidad de cargar al hijo menor con el cuidado del mayor. También supone hacerse responsable a sabiendas de que es una persona dependiente y de que te puede sobrevivir. Tampoco es lo mismo tener un hijo discapacitado si tienes dinero que si eres pobre. Y, con los recortes en las ayudas a la dependencia, todavía menos. Desgraciadamente, muchas personas sufren cada día las consecuencias de ese inhumano empecinamiento ideológicoen los países donde el aborto es ilegal no es menos frecuente, pero se realiza en condiciones menos seguras, que a menudo ponen en peligro la vida de las mujeres. Como han hecho los reaccionarios musulmanes, los fundamentalistas católicos –que combinan alegremente dos falsedades cuando se presentan simultáneamente como una mayoría social y una minoría perseguida– se apropian de un lenguaje aparentemente democrático, pero que solo funciona en una dirección: la libertad religiosa es solo la libertad para imponer su religión, y la libertad de expresión es solo la suya. Una asociación delirante de abogados cristianos critica que se denunciara al obispo de Alcalá por unas declaraciones homófobas, y luego emplea el mismo artículo del Código Penal para denunciar a Arcadi Espada, Rosa Regàs y Óscar Puente. En ese aspecto, los fanáticos religiosos se parecen a las personas que, como decía Groucho Marx, siempre toman bebidas caras, excepto cuando pagan ellos. Es una lástima que el gobierno de todos los españoles esté tan dispuesto a complacer a un sector atrasado y minoritario que muestra tanto entusiasmo por decretar la necesidad del sufrimiento ajeno y tanto empeño por convertir sus pecados en los delitos de todos.

2.

Las legislaciones restrictivas no reducen los abortos, por Argelia Queralt.

3.

Escribe Elvira Lindo:

Protegidas por la bondad de Gallardón, están las mujeres españolas, ciudadanas a las que este ministro y, por tanto, el Gobierno al que pertenece, considera tan menores de edad, tan inmaduras, que ha debido confeccionar, con generosidad paternalista, el siniestro listado de malformaciones para que la joven que esté tratando de interrumpir su embarazo respire aliviada si es que la naturaleza ha tenido la generosidad de concederle a su feto una de esas enfermedades espantosas que le servirán de pasaporte para tener un aborto en condiciones sanitarias seguras. El señor ministro, en toda su infinita compasión, no desea que las mujeres que aborten ilegalmente, que según esta ley serán casi todas, paguen con la cárcel. De ninguna de las maneras. Al fin y al cabo, ellas no tienen la madurez suficiente como para decidir por sí mismas, por tanto no son las responsables últimas de sus actos, y tampoco están preparadas como profesionales del embarazo, por tanto, el que tendrá la última palabra será el ginecólogo. Si se diera el caso de que el médico se saltara la ley y le practicara a su paciente una interrupción del embarazo que no contemplaran esos supuestos, sería él quien tendría que responder ante la justicia. Con lo cual, lo que esta ley consigue muy cucamente es que sólo tengan derecho a poseer una conciencia ética aquellos profesionales que estén en contra del aborto; al resto, a aquellos que creen en la libertad de la mujer para actuar según su conciencia, se les niega actuar según sus principios.

4.

Raúl Gay: Fetos de primera y personas de segunda.

5.

Richard Dawkins, en La tiranía de la mente discontinua:

“Quizá tal derroche de información sea inevitable: un mal necesario. No quiero darle demasiada importancia. Lo más grave es que hay algunos educadores –me atrevería a decir sobre todo en temas no científicos– que se engañan al creer que hay una especie de ideal platónico, la ‘Mente de Primera Clase’ o ‘Mente Alfa’: una categoría cualitativamente distinta, tan distinta como la mujer con respecto al varón, o la oveja de la cabra. Es una forma extrema de lo que yo llamo la mente discontinua. Probablemente se remonta al ‘esencialismo’ de Platón, una de las ideas más perniciosas de toda la historia.

A efectos legales, por ejemplo para decidir quién puede votar en las elecciones, tenemos que trazar una línea entre adultos y no adultos. Podemos discutir los méritos de los dieciocho frente los veintiún o dieciséis años, pero todo el mundo acepta que tiene que haber una línea, y la línea debe ser un cumpleaños. Pocos negarían que hay personas de quince años de edad más capacitadas para votar que otras de 40 años de edad. Pero retrocedemos ante el equivalente electoral de un examen de conducir, por lo que aceptamos la delimitación de la edad como un mal necesario. Pero tal vez existan otros casos en los que deberíamos estar menos dispuestos a hacerlo. ¿Hay casos en los que la tiranía de la mente discontinua produce un daño real? ¿Casos en los que debemos rebelarnos activamente contra ella? Sí.

Hay quienes no pueden distinguir entre un embrión de dieciséis células y un bebé. Dicen que el aborto es un asesinato, y se sienten justificados para cometer un asesinato de verdad contra un médico: un ser humano adulto que piensa y siente, con una familia que llorará su muerte. La mente discontinua es ciega a los intermedios. Un embrión es humano o no lo es. Todo es esto o aquello, sí o no, blanco o negro. Pero la realidad no es así.

Por motivos de claridad jurídica, así como el decimoctavo cumpleaños se define como el momento de obtener el voto, puede ser necesario dibujar una línea en algún momento arbitrario en el desarrollo embrionario después del cual el aborto queda prohibido. Pero la condición de persona no surge en un momento dado: madura poco a poco, y va madurando a través de la infancia y más allá.

Para la mente discontinua, una entidad es una persona o no. La mente discontinua no puede entender la idea de media persona o tres cuartas partes de una persona. Algunos absolutistas se remontan a la concepción como el momento en que una persona empieza a existir –el momento en que se inyecta el alma–, así que todo aborto es asesinato por definición. La doctrina católica de la fe titulada  Donum Vitae dice:

‘En el momento en que se fertiliza el óvulo, comienza una nueva vida que no es ni la del padre ni de la madre; es la vida de un nuevo ser humano con su propio desarrollo. Nunca se haría humano si no fuera ya humano. A esta evidencia perpetua […] la ciencia genética moderna le aporta una valiosa confirmación. Ha demostrado que, desde el primer momento, está fijado el programa de lo que será ese ser humano: un hombre, un hombre individual con sus aspectos característicos ya determinados. Ya en la fertilización ha comenzado la aventura de la vida humana…’

http://www.priestsforlife.org/magisterium/donumvitae.htm

Es divertido preguntar a esos absolutistas por un par de gemelos idénticos (que se separaron tras la fertilización, por supuesto) y preguntarles qué gemelo se llevó el alma y cuál es la no-persona: el zombie. ¿Una provocación pueril? Quizá. Pero funciona, porque la creencia que destruye es pueril e ignorante.

‘Nunca se haría humano si no lo fuera antes’. ¿De verdad? ¿En serio? Nada puede convertirse en algo si no lo es antes? ¿Una bellota es un roble? ¿Es un huracán el céfiro apenas perceptible que lo desata? ¿Supones que hubo un momento en la historia evolutiva en el que una no persona parió a la primera persona?

Si una máquina del tiempo pudiera llevarte hasta tu antepasado de doscientos millones de generaciones atrás, te lo comerías con salsa tártara y una rodaja de limón. Era un pez. Pero estás unido a él a través de una línea ininterrumpida de ancestros inmediatos, cada uno de los cuales pertenecía a la misma especie que sus padres y sus hijos”.

6.

Laura Freixas: Lo que no se dice del aborto.

7.

Rescate: La contrarreforma del aborto.

[Imagen.]

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