PAUL MAZURSKY CUENTA CÓMO ESCRIBE UN GUION

por gascondaniel

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Ha fallecido el director y guionista Paul Mazursky, autor de películas como Bob, Carol, Ted y AliceUna mujer descasada o Enemies. A Love Story, basada en la novela de Isaac Bashevis Singer. Este extracto sobre la escritura es del libro de conversaciones con guionistas estadounidenses de los 70 y 80 Backstory 4 (Plot), donde Patrick McGilligan entrevista a Robert Benton, John Milius, Lawrence Kasdan, Elmore Leonard, Ruth Prawer Jhabvala y Donald Westlake, entre otros. Uno de los sitios en los que se puede comprar el volumen es la librería La buena vida, que vuelve a abrir mañana en la calle Vergara de Madrid.

¿Cómo ha cambiado físicamente su escritura? ¿Comenzó con lápiz y papel, con una máquinade escribir?

Trabajaba con un cuaderno y un papel y desarrollaba la historia.Después empezaba con la máquina de escribir. Escribo cincuenta y cinco palabras porminuto. Desarrollo, mucho lápiz, cuaderno; lo tiro, elaboro una escaleta. Solía mecanografiar el guión, hacía un par de copias, me iba al desierto y copiaba y pegaba con celo y tijeras. Después reescribía, daba forma, tiraba, todo eso. El ordenador ha hecho que ese proceso resulte obsoleto.

¿Lleva horarios y se obliga a escribir cierto número de páginas al día?

Mi tendencia ha sido escribir por la mañana, que es cuando tengo más energía. Voy a mi oficina a las nueve y media o diez y escribo hasta la una.

¿Y llega a…?

A veces nada. Una palabra. A veces siete páginas. Muy pocas veces. Pero me gusta irme sabiendo que, cuando vaya al día siguiente, puedo empezar con x. Consigo hacerlo la mitad de las veces. Tengo la idea del día siguiente en la cabeza.

¿Relee todo lo que ha escrito anteriormente antes de comenzar al día siguiente?

No lo planeo, pero lo hago a menudo. Miro un par de páginas más atrás, me digo: «Espera un segundo». Después lo leo entero. Una de las razones es que así tienes treinta minutos menos para escribir; harías cualquier cosa para empezar más tarde. Sacas punta a un lápiz durante media hora. «Quiero sacar punta a todos mis lápices. No quiero sacarle punta a un lápiz. Además, la silla está un poco baja, y no encuentro un destornillador…» Al final ya es mediodía, gracias a Dios. He hecho cosas así muchas veces. En serio.

Siempre se dice que es mejor empezar una escena en el último momento, siempre que el público pueda entenderla.

¿Quién lo dice?

La gente que escribe los manuales de guión.

No lo saben. No lo saben. Me matarán por esto, pero estoy en contra de muchos de esos libros. ¡No hay reglas! ¿Estructura? Por cada ejemplo que me ponga, yo le hablaré de una película magnífica que incumpla una de esas reglas.

¿Los guiones deben tener una «revelación» en el minuto noventa, debe suceder algo en la página sesenta y seis?

Sólo hablo por las películas que veo. Si el hombre o la mujer que escribió la película que he visto hizo un buen trabajo, y recibió la ayuda o la influencia de esa gente, estupendo. Pero la mayor parte de las películas que veo no son muy buenas, así que no pueden haber obtenido mucha ayuda de esa gente.

¿Dice sus frases en voz alta cuando las escribe?

A veces leo todo el guión en voz alta antes de entregarlo. Cuando he acabado la primera versión, ya he recitado todas las frases. Tengo la ventaja de ser actor, pero en muchos de los papeles que he interpretado a lo largo de los años [para otra gente], resultaba imposible decir algunas palabras. Era físicamente imposible pronunciarlas sin que se te trabara la lengua. Obviamente, el que escribió esos guiones no sabía que hay que leer las frases en voz alta.

¿Después de todo esto, todavía le gusta escribir?

Sin duda me gusta la idea de escribir. Es lo más difícil para mí. Y puede que haya llegado a esa edad en la que no concluyes muchas de las ideas que se te ocurren. Tengo una historia sobre un escultor de unos sesenta años, que se obsesiona porque hay gente que no le merece mucho respeto y que recibe, al morir, necrológicas fabulosas. No lo comprende, porque no son buenos artistas. Y empieza a obsesionarse por su propio obituario. Después quiere leer su propia necrológica. ¿Existe? Y, por supuesto, descubre que The New York Times ya tiene escrito su obituario, pero no le permiten leerlo, y eso lo ofusca todavía más. Pone en marcha una estratagema, y consigue leerlo. Y, por Dios, no es tan bueno, ni de lejos, como algunos de los otros.

No le voy a contar el resto.

[Imagen.]

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