ENTREVISTA CON ANNE APPLEBAUM

por gascondaniel

Anne Applebaum (Washington, 1964) lleva muchos años investigando el legado del comunismo en Europa y las transiciones a la democracia de los países que formaron parte del bloque soviético. Ganó el Premio Pulitzer por Gulag (Debate, 2008), que describía el sistema penal de la urss, y acaba de publicar el espectacular ensayo El telón de acero (Debate), donde narra la implantación del totalitarismo en Europa del Este entre 1944 y 1956. Fue corresponsal de The Economist en Varsovia a partir 1988 y editora de The Evening Standard. Está casada desde 1992 con Radosław Sikorski, ministro de exteriores de Polonia y dirige el Foro de Transiciones del Legatum Institute en Londres. Publica regularmente en The Washington Post y otros medios sus análisis sobre política y relaciones internacionales.

Dos extractos:

Ha dicho que el origen de El telón de acero está en Gulag. Una de las cosas que se preguntaba es por qué el sistema comunista pudo tener tanto éxito: cómo el estalinismo se extendió rápidamente por el territorio devastado de la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Parte de la explicación tiene que ver con lo que estaba contando: se creaban fuerzas de policía secreta mucho antes de que llegara el Ejército Rojo a estos países. En segundo lugar, estaba el uso de violencia dirigida. Cuando llegó el Ejército Rojo, no se producían atrocidades en masa, sino que seleccionaba a personas concretas que parecían posibles líderes nacionales. Tenían información previa, sabían a quiénes buscaban. Otra parte de la explicación tiene que ver con la forma en que manipulaban no tanto los medios de comunicación en general como la radio en particular. Capturaron la sede central de la radio nazi en Berlín y tuvieron mucho cuidado de que no se destruyera en los últimos días de la guerra, para que pudiera convertirse rápidamente en la radio alemana procomunista. Cuando trajeron aviones llenos de comunistas alemanes desde la Unión Soviética, una de las primeras cosas que hicieron fue poner a algunos al mando de las emisoras de radio. Eran muy conscientes de la importancia de los medios de masas. Otra parte de la respuesta tiene que ver con que la escala y el impacto psicológico de la guerra habían debilitado la idea de la democracia occidental.

[…]

La gente no tenía el tipo de opciones que tenemos nosotros. Si tú eras un húngaro en 1948, no era tan fácil marcharse de tu país, sin hablar idiomas, e irte a otro sitio. Y así, a veces, te tenías que quedar e intentabas encontrar la forma de seguir viviendo. En ocasiones tenías que cooperar, tenías que colaborar, y otras veces podías evitarlo. Pero la gente tenía elecciones difíciles. No era Suiza. Las opciones serán malas. Terminé comprendiendo a la gente que vivía en esa época, aunque algunas personas hicieran cosas que me gustaría pensar que yo no habría hecho. Pero yo no tengo que afrontar esa elección. No tengo que pensar: o trabajo para el gobierno o pierdo mi trabajo y mi piso y mis hijos no podrán ir a la universidad. En esa época la gente debía afrontar ese tipo de elecciones.

En Letras Libres, el resto de la entrevista.

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