EL DISCURSO DEL REY

por gascondaniel

CANO REY

1.

Escribe Santos Juliá:

Lo que sufrimos en España no es, como tanto se repite, el agotamiento de un supuesto “régimen” inventado en 1978. Lo que realmente sufrimos al menos desde hace una década, cuando se hizo evidente la necesidad de reformar la Constitución y las leyes que han dado origen al sistema de partidos, es la parálisis de los partidos políticos para abordar esa reforma. Pues si, en efecto, la democracia es el único sistema de poder que sufre crisis en la misma medida en que es capaz de superarlas, también es cierto que por su propia naturaleza toda democracia exige reformar y renovar sus cimientos y sus prácticas si quiere enfrentar los nuevos retos que plantea el paso del tiempo y la aparición de nuevos problemas y nuevas generaciones.

No se ha procedido a esas reformas y ahora solo queda, al parecer, decretar la muerte del llamado régimen del 78. Pues no; lo que queda por hacer es que las instituciones construidas durante estos años y los agentes que las administran recuperen la iniciativa perdida por completo desde que estalló la crisis económica, social y política en la que seguimos sumergidos. Instrumentos para recuperarla no faltan, lo que se necesita es ponerlos en acción, tomar decisiones, impulsar un profundo programa de reformas que eviten, por una vez en nuestra secular manía de tejer y destejer, partir de nuevo de cero, pensar que se puede edificar un futuro sobre un paisaje calcinado.

2.

De rey de muchos a rey de unos pocos.

3.

Las guerras simbólicas, por Manuel Arias Maldonado. Y otro texto en inglés.

4.

Sucesión, secesión, por Arcadi Espada.

5.

Resistir la tentación, por José Ignacio Torreblanca:

Si de algo ha adolecido la democracia en España en estos últimos años es de falta de transparencia y de controles, políticos, legislativos, judiciales o sociales, de ahí la combinación de la corrupción, ya de por sí mala, con algo mucho peor: la impunidad y la negativa a asumir responsabilidades políticas. Por desgracia, en este sentido, la Corona ha sido una institución más en una democracia generalmente opaca, anquilosada y de baja calidad, no una que estuviera claramente por encima de las demás y sus vicios. Esta reflexión, seguramente incómoda para muchos, es esencial si queremos extraer las lecciones que nos permitan mejorar la calidad de las instituciones y, especialmente la Corona, en el futuro más inmediato.

Lo que nos lleva a la segunda tentación a evitar; la de descargar sobre el Príncipe Felipe la responsabilidad de gestionar el fin de un régimen y poner en marcha una “Segunda Transición”. A primera vista, los elementos están todos ahí: la desafección de la ciudadanía con la política; el cuestionamiento del bipartidismo; la crisis en el modelo productivo; las tensiones identitarias y territoriales y la brecha social que está generando el desempleo masivo y el aumento de las desigualdades.

Sumados al argumento de la renovación generacional, con el que el Príncipe encaja perfectamente en un país donde la generación de la transición, mayor de 70 años, sigue al timón, el cóctel para replicar en la figura del Príncipe la narrativa heroica que encumbró a Juan Carlos al podio de la historia está servido. Pero el Príncipe debería guardarse del papel de súper-héroe que le quieren adjudicar. Reformar el sistema político, encauzar el independentismo catalán o recomponer el sistema productivo, por citar sólo alguna de las tareas más urgentes, no es una tarea que esté al alcance de una persona, y menos de un monarca constitucional en una democracia avanzada, cuyos poderes están lógicamente muy limitados, sino una tarea que la sociedad en su conjunto tiene que acometer.

6.

Jonathan Blitzer sobre la crisis de la monarquía española.

7.

Renovación desde arriba, de José Antonio Montano.

8.

La neutralidad de un rey, de Soledad Gallego Díaz.

9.

El rey y la democracia, por Javier Cercas.

10.

Luis Garicano sobre monarquía e identidad.

11.

La legitimidad del monarca pasa por los jóvenes y por  la izquierda.

12.

Ser rey hay que vivirlo, por Manuel Jabois.

[La ilustración, de José Luis Cano, se publicó por primera vez en El periódico de Aragón en 1992 y luego en el libro Retratos imaginarios, de Antón Castro y Cano, Mira Editores, 1994.]

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