Daniel Gascón

Mes: abril, 2014

INFLUYENDO QUE ES GERUNDIO

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1.

Anka Muhlstein sobre Stefan Zweig.

2.

Prohibido saber quién eres, por David Trueba.

3.

Manuel Arias Maldonado sobre la ansiedad y el éxtasis de la influencia.

4.

Nabokov dibuja un mapa del Dublín de Joyce.

5.

Elogio de la lectura lenta.

6.

Tolkien responde a un editor alemán que le pregunta si es ario.

7.

Momentos estelares de la humanidad: Arabia Saudí critica la situación de los derechos humanos en Noruega, Richard Dawkins convierte a gente al cristianismo, el partido de Elpidio Silva plagia el programa electoral de Equo y se le olvida borrar el nombre y el imputado por corrupción Carlos Escó participa en un curso sobre transparencia y corrupción.

8.

Lo siento.

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ESPAÑOL Y OTRAS PALABRAS PELIGROSAS

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Sobre la adaptación de Réquiem por un campesino español: las palabras las carga el diablo.

La primera ilustración es de Luis Grañena. La segunda y la tercera, de José Luis Cano, que expone estos días su trabajo sobre Sender, incluido en el libro Sender y sus criaturas (Xordiqueta), en una semana dedicada al escritor.

CUESTIONES FRONTERIZAS

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1.

Víctor Lapuente sobre dos mitos de la intervención del Estado:

En resumen, que el Estado haga más – ya sea regulación o gasto público – no quiere decir que haga mejor. Estos dos mitos – el de la “buena regulación” y el del “buen gasto público” – son especialmente queridos en España. Cualquier propuesta para recortar regulaciones o partidas presupuestarias de dudosos efectos redistributivos encuentra una oposición feroz, procedente sobre todo de muchos intelectuales progresistas. Para alcanzar los objetivos de pleno empleo y mínima desigualdad económica posible, necesitamos extender el papel del estado en algunas esferas concretas (como en políticas activas de empleo), pero en otras dimensiones necesitamos reducirlo.

2.

Porque los hombres no son ángeles: The Economist sobre James Madison.

3.

El desarrollo, y no la pobreza, como causa de la migración, por Amparo González.

4.

Kenan Malik sobre Occidente, Egipto y los hermanos musulmanes.

5.

La guerra contra la verdad en Ucrania.

6.

Los ciervos checos no se han enterado de la caída del Telón de Acero.

7.

¿Los seres humanos han evolucionado para luchar por el territorio? Y: ¿para qué sirve la guerra?

8.

Realismo y juventud: una conversación con Ignacio Martínez de Pisón.

9.

Dos primeras páginas: Arcadi Espada sobre García Márquez.

10.

Francia entre las guerras mundiales y el abrazo de la sinrazón.

11.

Problemas de traducción.

[Imagen.]

 

JAMES SALTER: LA VIDA IBA EN SERIO

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‘Todo lo que hay’ es la primera novela que ha publicado en más de treinta años James Salter (Nueva York, 1925), un narrador admirado por muchos de los mejores autores estadounidenses contemporáneos. El libro incluye un epígrafe –“Solo las cosas conservadas por escrito tienen alguna posibilidad de ser reales”– y cuenta la vida de Philip Bowman, un joven que se cría con su madre, combate en la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y estudia en Harvard antes de entrar a trabajar en una editorial. Allí coincide con Eddins, con Baum y, en un bar, con Vivian, una chica de Virginia de padre riguroso y madre alcohólica con la que se casa. Ni la existencia ni la personalidad de Bowman son extraordinarias, pero están contadas con delicadeza, inteligencia y seguridad.

Salter combina amplitud y ligereza. Traza un retrato social de los Estados Unidos de posguerra, del mundo editorial y de cierta manera de relacionarse. Aunque el punto de vista que predomina en la narración en tercera persona es el de Bowman, tenemos acceso a la biografía y los sentimientos de muchos personajes, desde las mujeres de su vida a apariciones fugaces. Salter es un maestro de la elipsis y suele coincidir con el consejo de William Goldman: al presentar una escena, es importante entrar tarde y salir pronto. En otras ocasiones, se detiene en lugares inesperados. El libro está lleno de apartes, de esbozos de biografías y observaciones. En un párrafo se pueden cubrir varios años de insatisfacción sentimental o tortuosos procesos judiciales, y luego de pronto hay una evaluación del teatro isabelino, un breve retrato de Lorca, una observación nimia en apariencia y reveladora en realidad, un diálogo coloquial o un obvio placer en la recreación de un cotilleo. El tono biográfico hace que las numerosas coincidencias no parezcan tanto recursos narrativos como cosas de la vida. La presencia de Europa es importante como escenario y como espacio liberador, casi ideal. Bowman visita Inglaterra, va a Francia y realiza un viaje por España; el continente es un lugar exótico y erótico. El sexo, descrito con eficacia y entusiasmo, ofrece a los personajes los únicos momentos de felicidad y trascendencia. Y una ocasión para la venganza en uno de los episodios más perturbadores del libro.

‘Todo lo que hay’ trata del paso del tiempo y del recuerdo. Casi al final, leemos: “La primera voz que oyó, la de su madre, ya no estaba al alcance de su memoria, pero podía rememorar la dicha que sentía junto a ella cuando era niño. Recordaba a sus primeros compañeros de colegio y todos sus nombres, las aulas, los profesores, los detalles de su propia habitación: la vida que iba a quedar al margen de todo juicio, la vida que se había abierto ante él y había sido suya”. Son también dos de los temas centrales de ‘Años luz’, publicada originalmente en 1975 y reeditada hace unos meses en castellano. La novela es una crónica magistral y devastadora de la disolución de un matrimonio: cómo se rompe, cómo se recuerda y lo que permanece: “Las cicatrices dividen la vida como los anillos de un árbol. Qué juntos parecen los más antiguos, el tiempo los comprime, veinte años no se distinguen entre sí”. Al principio Viri y Nedra parecen una pareja feliz. Tienen dos hijas y amigos dedicados y brillantes. Buscan la dicha sexual fuera de casa. Experimentan, de distinta manera, el fracaso: él no llega a ser un gran arquitecto; ella, que tiene inquietudes culturales, también desearía más dinero. “Él se había dormido. Ella lo sabía sin mirarlo. Dormía como un niño, sin ruido, profundamente. Tenía el cabello ralo despeinado y la mano extendida y laxa. Si ellos hubieran sido otra pareja, a ella le habría atraído, lo habría amado, incluso… eran tan infelices”.

‘Años luz’ es un libro más controlado y preciso, menos autocomplaciente. Al igual que en ‘Todo lo que hay’, Salter muestra una aguda capacidad de observación y evita juzgar a los personajes. En un relato realista, admira la sutileza psicológica y sorprende la resistencia a la tentación sociológica o política: los grandes acontecimientos están ahí fuera, pero Salter no se detiene en ellos. El narrador es misterioso. Emplea una imprecisa primera persona al principio, en algún momento aislado y al final, pero predomina la tercera; tiene momentos inquietantes e irónicos: “Uno de los últimos grandes descubrimientos es que la vida no será lo que soñabas”. La prosa es sincopada, imaginativa y poderosa: “Tiene una boca grande, la boca de una actriz, emocionante, intensa. Manchas oscuras en sus axilas, menta en su aliento”. ‘Años luz’ y ‘Todo lo que hay’ son dos novelas conmovedoras sobre el transcurso del tiempo y la búsqueda, un tanto aturullada y casi siempre infructuosa, de la felicidad. Leer estas historias sobre la existencia y la memoria recuerda los versos de T. S. Eliot: “Tuvimos la experiencia aunque no captamos el significado./ Y acercarse al significado restaura la experiencia”.

James Salter. ‘Todo lo que hay’. Traducción de Eduardo Jordá. Salamandra, Barcelona, 2014, 381 págs.

‘Años luz’. Traducción de Jaime Zulaika. Salamandra, Barcelona, 2013, 381 págs.

[Esta reseña salió en Artes & Letras de Heraldo de Aragón. Imagen.]

EL TEMBLOR DE LA FALSIFICACIÓN

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1.

Amparo González Ferrer: el revuelo del padrón y el éxodo de los extranjeros ricos.

2.

¿Puedes saber si alguien está mintiendo?, por Maria Konnikova.

3.

Escribe Juan Soto Ivars:

La cultura libre es una mala traducción del inglés “free culture“, cultura gratis, y aún diría que la palabra cultura es una máscara para la palabra entretenimiento. Si la cultura de la ciudadanía española fuera pareja a su grado de piratería, a su grado de “libre acceso”, seríamos el país más culto del mundo. Pero no. Con la excusa de la cultura libre, es decir, del entretenimiento gratis, se atenta contra el estreno, que es la oportunidad de películas, libros y discos para recuperar el dinero que han costado. “Cultura libre” es un eufemismo del que surge toda una ideología con pies de equivocación, un caramelo para cualquiera obsesionado con la defensa de la libertad a toda costa, y CGT ha picado.

Bien. CGT me pide que apoye a los trabajadores de la Fnac. Yo los apoyo siempre: compro en la Fnac los DVDs que otra gente se descarga gratis. Apoyo a los vendedores de libros, a los taquilleros de cines, a los músicos, a los escritores, a los cámaras y hasta a los jeques de la maltrecha industria del disco.

Así que respondo a la petición de CGT con otra petición: apoyen ustedes a los vendedores de libros, discos y películas cambiando su postura sobre la piratería, sobre lo que se ha dado en llamar “cultura libre.” Ataquen a los piratas, apoyen ustedes a los trabajadores cuya huelga defienden.

Y: Las mentiras de CGT en la huelga de la FNAC. Aquí, un análisis de José Rodríguez.

4.

¿Pobre Rusia?, por José Ignacio Torreblanca.

5.

El bonaflautismo y el negocio de la indignación, por Roger Senserrich.

6.

Hoy es 25 de abril.

[Imagen.]

GARCÍA MÁRQUEZ: TRISTES TÓPICOS

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Gabriel García Márquez fue un narrador extraordinario. Más fabulador que pensador, a veces tenía más encanto que profundidad. Al analizar sus posiciones políticas conviene recordar la frase de Woody Allen que dice que los intelectuales son como la mafia: solo matan a los suyos. A García Márquez le interesaba el poder y a muchos poderosos les gustaba estar cerca de él. Pero no creo que se tomaran en serio sus opiniones políticas. No sé si lo hacía Fidel Castro. No creo que lo hiciera Bill Clinton: de lo contrario, quizá no le habría dedicado palabras de elogio.

Es fácil decirlo a posteriori, pero García Márquez tenía muchas cualidades para el éxito: el don y la vocación, un talento para elaborar frases lapidarias, libros admirables, temas atractivos y eternos, y facilidad para crear mitos (entre ellos, el suyo). Además, su literatura convivía bien con algunas de las ideologías en boga en su tiempo. Una de las batallas intelectuales centrales del siglo xx es la disputa entre Sartre y Camus. Ambos compartirían cierta idea del compromiso intelectual. Pero encarnan dos mundos distintos: por un lado, la solidez filosófica y la fidelidad a la línea marxista y sus objetivos; por otro, el coraje requerido por un pensamiento más desnudo, que prescinde de los aliados y no rehúye las cuestiones morales.

Como explica Mark Lilla en Pensadores temerarios, es una imagen incompleta. El reconocimiento de los crímenes de Stalin en el XX Congreso del Partido Comunista en la Unión Soviética debilitó el comunismo y a algunos de sus defensores, como Sartre. Era, explica Lilla, la hora del estructuralismo:

El estructuralismo de Lévi-Strauss sembraba dudas sobre la universalidad de cualquier derecho o valor político, y levantaba sospechas sobre el “hombre” que los reclamaba. ¿No eran esos conceptos simplemente una coartada para el etnocentrismo, el colonialismo y el genocidio occidental, como atacaba Lévi-Strauss? ¿Y no estaba contaminado por esas mismas ideas el marxismo de Sartre? El marxismo hablaba del lugar de cada nación en el desarrollo general de la historia; el estructuralismo hablaba de cada cultura como si fuera autónoma.

[…]

Y, aunque quizá Lévi-Strauss no lo había pretendido, su escritura no tardaría en alimentar la sospecha entre la Nueva Izquierda de que las ideas universales a las que Europa proclamaba lealtad –la razón, la ciencia, el progreso, la democracia liberal– eran armas culturalmente específicas diseñadas para arrebatar al Otro no europeo su diferencia.

En El pesamiento salvaje, un libro donde señalaba que la escritura “ha quitado a la humanidad algo de esencial”, Lévi-Strauss afirmaba que “el pensamiento mágico no es un comienzo, un esbozo, una iniciación, la parte de un todo que todavía no se ha realizado; forma un sistema bien articulado, independiente, en relación con esto, de este otro sistema que constituye la ciencia”. Para él,

En nuestras sociedades actuales cuando nos encontramos con costumbres o creencias que nos parecen extrañas o que contradicen el sentido común, las explicamos como los vestigios o reliquias de modalidades arcaicas de pensamiento. Por el contrario, yo creo que dichas modalidades de pensamiento siguen vivas entre nosotros, a menudo les damos rienda suelta y coexisten con otras formas de pensar más “domesticadas” como las que se incluyen bajo el rótulo de “ciencia”.

Impulsado por la mala conciencia imperialista, por el sufrimiento que había provocado Occidente y la arrogancia con que había tratado al resto del mundo, y por las nuevas realidades políticas, el relativismo cultural se extendió en muchos países. Esa atmósfera intelectual facilitó un contexto para que García Márquez y su escritura resultaran atractivos. En El olor de la guayaba, Plinio Apuleyo Mendoza comenta al narrador colombiano:

–Tengo la impresión de que tus lectores europeos suelen advertir la magia de las cosas que tú cuentas, pero no ven la realidad que las inspira.

–Seguramente porque su racionalismo les impide ver que la realidad no termina en el precio de los tomates o de los huevos. La vida cotidiana en América Latina nos demuestra que la realidad está llena de cosas extraordinarias. […] Basta abrir los periódicos para saber que entre nosotros cosas extraordinarias ocurren todos los días. Conozco gente del pueblo raso que ha leído Cien años de soledad con mucho gusto y con mucho cuidado, pero sin sorpresa alguna, pues al fin y al cabo no les cuento nada que no se parezca a la vida que ellos viven.

García Márquez dice más adelante:

Quizás, como te lo dije ya, la pista me la dieron los relatos de mi abuela. Para ella los mitos, las leyendas, las creencias de la gente, formaban parte, y de manera muy natural, de su vida cotidiana. Pensando en ella, me di cuenta de pronto que no estaba inventando nada, sino simplemente captando y refiriendo un mundo de presagios, de terapias, de premoniciones, de supersticiones, si tú quieres, que era muy nuestro, muy latinoamericano. Recuerda, por ejemplo, aquellos hombres que en nuestro país consiguen sacarle de la oreja los gusanos a una vaca rezándole oraciones. Toda nuestra vida diaria, en América Latina, está llena de casos como éste. De modo que el hallazgo que me permitió escribir Cien años de soledad fue simplemente el de una realidad, la nuestra, observada sin las limitaciones que racionalistas y estalinistas de todos los tiempos han tratado de imponerle para que les cueste menos trabajo entenderla.

El discurso es endeble y frívolo. Arranca de una explicación estética, incurre en falsedades y acaba defendiendo la poesía del subdesarrollo. Pero contiene algunas cosas interesantes. García Márquez no se presenta solo como un reportero de una realidad distinta, extraordinaria: es, además, su representante. El libro se publicó en 1982, el mismo año en que García Márquez recibió el Premio Nobel. En su discurso de recepción dijo:

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes?

En la década de los setenta Estados Unidos había ayudado a destruir democracias y se habían extendido por América Latina dictaduras sanguinarias, que seguían en el poder en el momento en que García Márquez dio su discurso. Es una pena que sus palabras, una defensa de la justicia social, apelasen a esa excepcionalidad (“con métodos distintos en condiciones diferentes”), que podría servir también para justificar la interrupción de procesos democráticos. Las condiciones de la política internacional son distintas y hay cosas que ahora resultan evidentes y quizá entonces no lo eran. Aun así, tuvo más de tres decenios para cambiar de idea.

Si hubiera prestado atención en ese tiempo, habría visto que lo que ha llevado al progreso a los países latinoamericanos han sido la libertad, la democracia representativa y el Estado de Derecho. Todavía quedan muchas cosas por mejorar (como en Europa), pero la extensión de la educación y la atención sanitaria, el imperio de la ley, la competencia y la emancipación de las mujeres han mejorado la economía de los países y la vida de los ciudadanos. No creo que suponga una pérdida de “magia” y, si fuera así, estaría justificado. El alcantarillado y el reconocimiento de la dignidad son mejores que el encanto pintoresco.

La formación y la recepción de García Márquez también desmentían sus opiniones. Sus influencias reconocidas venían de muchos lugares: de Edipo Rey, de los juegos de Cervantes, de La metamorfosis de Kafka, del mundo y las técnicas de William Faulkner. Y su abuela, claro. Los referentes que citaba eran reconocibles de inmediato en otras latitudes. Su literatura fue rápidamente comprendida, admirada e imitada en muchos países e idiomas diferentes: resultó determinante para buena parte de la literatura poscolonial en lengua inglesa, pero también para Camí de Sirga, donde Jesús Moncada escribía sobre la antigua Mequinenza. La literatura atraviesa lenguas y países. El aumento de la diversidad, la combinación de sensibilidades y tradiciones, y la visibilidad de creadores todo el mundo son elementos maravillosamente enriquecedores. Y son justo lo contrario del relativismo cultural.

Como ha escrito Juan José Sebreli, “la diversidad colorida que añoraba Lévi-Strauss sólo era percibida por el viajero, pero para los miembros locales no significaba sino pobreza y atraso”.

También implicaba la opresión para los individuos que querían librarse de una tradición en la que no creían. El verdadero enemigo del individuo no ha sido la humanidad universal, sino los particularismos: nacionales, biológicos, raciales, sexuales, clasistas; éstos son los que sofocan la libertad y uniformizan a los hombres. Las utopías negativas sobre el mundo masificado, sobre el modelo único de hombre no se han cumplido; de hecho, vivimos en un mundo unificado por la economía transnacional, las comunicaciones, los medios, los viajes. El individuo es más libre que cuando vivía en una aldea vigilada por sus vecinos, controlado por la familia, la tribu o el clan. Nunca como en el universalizado mundo actual ha habido mayores posibilidades de elegir, de cambiar, de movilizarse, ni ha habido mayor diversidad de opiniones, de creencias, de estilos de vida, de modas, de formas de comer y de educarse, de comportamientos sexuales. Nunca el individuo ha llegado a ser tan independiente, ni la vida privada ha estado tan separada de la vida pública. Basta con comparar la situación actual de las mujeres, de los homosexuales, de las minorías raciales, con la que todos ellos vivían hasta mediados del siglo xx.

Quizá García Márquez no prestó atención a esas cosas porque no se dedicaba a eso. Él, el gran mistificador, había elegido otro personaje: el genio. En la disputa entre los Beatles y los Rolling Stones del boom, Vargas Llosa representa algo totalmente diferente: la curiosidad, el descubrimiento, el desafío, la revisión permanente de sus ideas. Si llega a la genialidad –y a mi juicio tiene obras superiores a las del colombiano–, es a través del rigor y el trabajo. El autor de Conversación en la Catedral, tantas veces vilipendiado por la izquierda, publicaba un artículo que criticaba la intolerancia de la Iglesia Católica y defendía los derechos de los homosexuales pocos días después de que García Márquez muriese sin haber encontrado el momento de distanciarse de un régimen que persiguió a los gays y a los disidentes. Que uno de esos dos grandes novelistas, racional, en tensión permanente y siempre en primera fila, sea tachado de conservador y que el otro, estancado intelectual y políticamente en las posiciones de la izquierda reaccionaria durante más de medio siglo, sea un icono del progresismo es una ilusión óptica fascinante.

[Aquí, otro texto sobre García Márquez. En la imagen, el escritor según Richard Avedon.]

PANORAMA DESDE EL PUENTE

rock soviético

1.

Indulgencia para los procesados por el Parlament, por Ignacio Vidal-Folch.

2.

Alain Minc: una entrevista sobre Hollande.

3.

Lo sutil obvio, por David Trueba.

4.

Habrá más Ucranias, por Timothy Garton Ash.

5.

Breve historia del rock soviético.

6.

Cómo nos quedamos sin ideas, por Liel Leibovitz.

7.

¿Cómo te atreves?, por Nick Cohen. Con una cita final de La edad de la razón de Tom Paine:

A MIS CONCIUDADANOS DE ESTADOS UNIDOS:

PONGO la siguiente obra bajo vuestsra protección. Contiene mis opiniones sobre Religión. Tendréis la justicia de recordar que siempre he apoyado con energía el Derecho de cada Hombre a su propia opinión, por distinta que pueda ser de la mía. Quien niega a otro ese derecho, se convierte en esclavo de su opinión actual, porque se niega a sí mismo el derecho a cambiarla.

8.

Salman Rushdie recuerda a Gabriel García Márquez.

9.

El Capital en el siglo XXI: Pablo Rodríguez Suanzes recopila varios textos sobre el libro. Tyler Cowen se pregunta cómo se debe leer un libro como el de Picketty.

10.

Humor económico.

11.

Bob Dylan toca Hurricane por primera vez.

[En la imagen, The Revengers]

CADA UNO EN SU CAMA Y DIOS EN LA DE TODOS

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1.

Salir de la barbarie, por Mario Vargas Llosa.

“Las opciones sexuales son distintas, pero no normales y anormales según se sea gay, lesbiana o heterosexual. Y, por eso, gays, lesbianas y heterosexuales deben gozar de los mismos derechos y obligaciones, sin ser por ello perseguidos y discriminados. Creer que lo normal es ser heterosexual y que los homosexuales son “anormales” es una creencia prejuiciosa, desmentida por la ciencia y por el sentido común, y que sólo orienta la legislación discriminatoria en países atrasados e incultos, donde el fanatismo religioso y el machismo son fuente de atropellos y de la desgracia y sufrimiento de innumerables ciudadanos cuyo único delito es pertenecer a una minoría. La persecución al homosexual, que predican quienes difunden sandeces irracionales como la “anomalía” homosexual, es tan cruel e inhumana como la del racismo nazi o blanco que considera a judíos, negros o amarillos seres inferiores por ser distintos.

La unión civil es, claro está, sólo un paso adelante para resarcir a las minorías sexuales de la discriminación y acoso de que han sido y siguen siendo objeto. Pero será más fácil combatir el prejuicio y la ignorancia que sostienen la homofobia cuando el común de los ciudadanos vean que las parejas homosexuales que constituyan uniones civiles conformadas por el amor recíproco no alteran para nada la vida común y corriente de los otros, como ha ocurrido en todos (todos, sin excepción) los países que han autorizado las uniones civiles o los matrimonios entre parejas del mismo sexo. Las apocalípticas profecías de que, si se permiten parejas homosexuales, la degeneración sexual cundirá por doquier ¿dónde ha ocurrido? Por el contrario, la libertad sexual, como la libertad política y la libertad cultural, garantiza esa paz que sólo resulta de la convivencia pacífica entre ideas, valores y costumbres diferentes. No hay nada que exacerbe tanto la vida sexual y llegue a descarriarla a extremos a veces vertiginosos como la represión y negación del sexo. Sacudida como está por los casos de pedofilia que la han afectado en casi todo el mundo, la Iglesia católica debería comprenderlo mejor que nadie y actuar en consecuencia frente a este asunto, es decir, de manera más moderna y tolerante”.

2.

¿Por qué es tan polémico el aborto?, por Thomas B. Edsall.

3.

Tres figuras que la nueva ley del aborto deja en la sombra: la mujer prostituida, el padre y la madre, por Laura Freixas.

4.

Arcadi Espada sobre el extraordinario caso del hospital Sandro Pertini.

5.

Después de 223 años New Hampshire está a punto de legalizar el adulterio.

6.

36 argumentos que defienden la existencia de Dios, refutados.

[Imagen: André Kertész]

JAVIER TOMEO, GARCÍA MÁRQUEZ Y EL PREMIO NOBEL

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El 21 de octubre de 2012 fui con Javier Tomeo al programa A vivir Aragón, que dirige y presenta Miguel Mena en Radio Zaragoza/Cadena Ser, para hablar de Cuentos completos (Páginas de Espuma). Tomeo tenía problemas para andar y tuvimos que subir por un montacargas que había detrás de la radio. Miguel Mena preguntó a Tomeo por los cuentos y por los temas de su obra y su forma de ver el mundo. Le recordó que en 1999 la ciudad de Zaragoza lo había presentado como candidato al Premio Nobel. Tomeo dijo que el Premio Nobel era un acto de afirmación política. Todos los sitios ahora querían tener su Premio Nobel, su alpinista que ha llegado al Everest. Así que, dijo, “no le doy mayor importancia”.

–Me plantea el problema, si me dieran el Premio Nobel, de cómo ir a recibir el Premio, si con un pañuelo en la cabeza como buen aragonés, porque, no sé, hubo uno que fue vestido de colombiano… ¿Quién era? García Márquez…

–Sí, García Márquez fue con una guayabera típica de su… -dijo Miguel.

–Pues yo iría, seguramente, con la cabeza bien atada.

[Aquí el podcast. La entrevista con Javier Tomeo empieza a la 1:20:30, lo del Nobel, más o menos, a la 1:26.]

[En la imagen, Tomeo según Luis Grañena.]

JAVIER TOMEO, GARCÍA MÁRQUEZ AND THE NOBEL PRIZE

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On 21 Octuber 2012 Javier Tomeo and I were invited to speak on the Radio Zaragoza/Cadena Ser programme A vivir Aragón, directed and hosted by Miguel Mena. We were to talk about Tomeo’s Cuentos completos, which had just been published by Páginas de Espuma. Tomeo had difficulties walking and we had to take a service lift behind the radio. Miguel Mena asked Tomeo about his stories, the themes in his work and the way he saw  the world. He reminded Tomeo that the city of Zaragoza had nominated him as a candidate for the Nobel Prize in Literature in 1999. Tomeo replied that the Nobel Prize had become an act of political affirmation. Every place wanted to have a Nobel Prize or an Everest-conquering climber. So, he said, “I don’t think it’s that important.”

“If I received the Nobel Prize,” he said, “it would present me with the problem of how should I go and receive the Prize, maybe with a kerchief  wrapped around my head, like a good Aragonese man, because, I don’t know, there was a guy who went dressed as a Colombian… Who? García Márquez…”

“Yes, García Márquez  sported a guayabera, typical from his…,” replied Miguel.

“Well, then, I would probably go with a tightly-wrapped head.”

[You can listen to the podcast here. The interview with Tomeo starts at 1:20:30. The Nobel conversation starts at 1:26.]

[Tomeo according to Luis Grañena.]