TIMOTHY SNYDER ESCRIBE SOBRE UCRANIA

por gascondaniel

KIEV1

El historiador Timothy Snyder escribe sobre Ucrania (aquí el original):

La tragedia de la represión en Ucrania es que el día de violencia empezó con la promesa de la paz. El martes era el día en que el parlamento de Ucrania debía empezar los debates sobre el cambio constitucional básico que se necesita como primer paso para resolver la crisis política actual, y para restaurar un gobierno normal en el país. Resulta todavía más trágico que tanto dentro como fuera de Ucrania hay un consenso con respecto a cómo podría organizarse una salida política a la crisis.

El debate parlamentario, que se canceló antes de la masiva represión de las protestas, giraba en torno a la constitución. En 2010, tras un retraso de seis años, el tribunal constitucional ucraniano anuló la legislación que limitaba el poder del presidente. Desde entonces el presidente Viktor Yanukovich ha disfrutado de poderes legales que van mucho más allá de cualquier norma europea. La mayoría de los observadores entienden que hay que recuperar el equilibrio de poderes, no solo para detener el rápido descenso del país hacia la tiranía, sino también para garantizar que el exceso de poder no corrompa a futuros presidentes.

En cuanto se revise la constitución, deberían celebrarse nuevas elecciones parlamentarias y presidenciales. La oposición ucraniana, comprensiblemente, pide que Yanukovich dimita. Dado que se acusa a su familia de haber acumulado una riqueza inmensa y a su policía de haber pegado, torturado y matado a manifestantes, es difícil pedirle a la gente que espere menos que eso. Aun así, una reforma constitucional y unas nuevas elecciones ofrecerían a Yanukovich un camino legal para dejar el cargo. Aunque ha encarcelado a sus opositores políticos, es importante que la transición sea constitucional, legal y democrática.

Queda poco tiempo. Yakunovich no tardará en afrontar una decisión con respecto a si debería negociar o aumentar la escala de la represión. Ucrania está al borde de la bancarrota soberana y el presidente tiene muy pocos apoyos políticos, incluso en las regiones del sur y del este, donde es menos impopular. Eso hace que su control del poder dependa del activo circulante de la vecina Rusia.

El presidente ruso Vladimir Putin puede prometer un préstamo de 15.000 millones de dólares (casi 11.000 millones de euros), como hizo en diciembre, y esperar leyes represivas al estilo ruso. Las leyes dictatoriales ucranianas del 16 de enero no lograron silenciar las protestas; al contrario, las estimularon. Así que cuando Putin liberó otros 2.000 millones de dólares hace unos días, se predijo que la condición sería que se suprimiera a los manifestantes. De ahí los ataques de la policía antidisturbios el martes.

Rusia y Ucrania tienen una cosa importante en común, y no es el idioma, la historia o la cultura, pese a lo que dicen muchos comentaristas. Son los patrones de comercio.  Ambos países dependen sobre todo del comercio con la UE. A la larga, simplemente tiene sentido para Ucrania y Rusia buscar el libre comercio con la UE. Pero Moscú sigue una lógica política. Putin tiene una visión grandiosa e imperial de una Unión Euroasiática que rivalice con la Unión Europea, y la divida a través de la explotación de asuntos socialmente conservadores como la oposición a los derechos de los homosexuales.

Su Unión Euroasiática debe comprender únicamente dictaduras, porque cualquier sociedad libre desafiaría el dominio ruso; y tiene que incluir Ucrania, o el propio Putin la consideraría un fracaso. De modo que Moscú debe tener un sumiso y autoritario vecino ucraniano.

La política exterior rusa es extremadamente dinámica, pero no lleva a ningún sitio. En este momento es difícil imaginar, al menos para quien esté fuera del Kremlin, que Ucrania, bajo cualquier liderazgo, vaya a someterse pacíficamente a un sueño geopolítico ruso. Como otras obsesiones políticas de Putin, probablemente Eurasia será muy importante durante un año o dos, y luego será olvidada.

La política exterior europea es extremadamente lenta, pero lleva a alguna parte: a la pertenencia a una organización que promociona de forma seriamente lo que buscan los manifestantes ucranianos: la normalidad. Es probable que esta se encuentre a décadas de distancia para Ucrania, pero los acuerdos de asociación, si se firman, podrían iniciar el largo proceso necesario para que las instituciones ucranianas se vuelvan más transparentes y menos corruptas.

Si sobreviven las tendencias actuales, parece probable que Putin siga pidiendo la aplicación del modelo de gobierno ruso sobre Ucrania a cambio de dinero, y parece probable que el resultado le continúe decepcionando. La espiral de violencia causa estragos a los ucranianos pero no da una victoria clara a Rusia, y genera el riesgo de que Moscú decida intervenir directamente con fuerzas armadas.

Eso sería un desastre para todos, incluida Rusia. La violencia debe terminar inmediatamente.

La UE, quizá con ayuda estadounidense, debe ser capaz de aportar ayuda financiera inmediata, condicionada por supuesto a reformas constitucionales y políticas básicas, así como a programas específicos de los partidos de la oposición para reducir la corrupción y proteger el Estado de Derecho. La UE no puede resolver los problemas de Ucrania, pero de esa forma puede por lo menos hacer que una solución sea posible.

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