ALGUNOS PUNTOS CARDINALES

por gascondaniel

áfrica

1.

La indiferencia santurrona y cómo combatirla, por Nick Cohen.

2.

El sol se pone en Occidente, por Simon Kuper.

3.

Cuenta Diego Manrique:

Hay un libro que explora la relación de los activistas islámicos con la cultura pop: Schmoozing with terrorists, de Aaron Klein. Su misma existencia muestra que los extremistas de Oriente Próximo se tragan sus prejuicios en aras de la publicidad: Klein es un periodista estadounidense de origen judío, con residencia en Jerusalén.

Si hemos de creerle, tuvo la oportunidad de charlar extensamente con representantes de la resistencia palestina sobre el pop. Vamos a ver: no eran expertos en cantantes occidentales, pero —inmersos en el flujo mundial de la telebasura— sabían del beso de Madonna a Britney Spears en la edición 2003 de los citados Premios MTV.

No lo aprobaban. Muhammad Abdel-Al, portavoz de los Comités Populares de Resistencia, era tajante: “Si me encuentro con esas putas, tendré el honor de ser el primero en cortar sus cabezas; Madonna y Britney no deben seguir difundiendo su cultura satánica en contra del Islam”.

En comparación, Abu Abdullah, un dirigente de la rama militar de Hamás, resultaba un moderado. Ofrecería a las cantantes la oportunidad de arrepentirse, tras encerrarlas. Sin embargo ¡ay de ellas si persistían en sus errores! “Si siguen tentando a los hombres para alejarlos del Islam, serán consideradas prostitutas y castigadas con la lapidación o con 80 azotes”.

Sheik Abu Saqer alegaba no tener información directa de quiénes eran Madonna y Britney: “Solo he oído sus nombres en la televisión, cuando los padres se quejan de que sus niños abandonan sus estudios y sus valores cuando se dejan influir por esa música barata que vosotros consideráis cultura”. El jeque, conviene saberlo, fundó el grupo Espada del Islam, responsable de colocar bombas en lugares impíos de Gaza: salones de billar, cibercafés y —atención— tiendas de discos.

Tales delirios pueden servir para echarnos unas risas. Pero se toman muy en serio en los países islámicos, donde se recuerdan los asesinatos de cantantes argelinos durante la guerra civil o la ejecución de Shaima Rezayee, presentadora de un programa musical en la televisión afgana. El odio de los fundamentalistas hacia la música, aunque sea autóctona, provoca situaciones grotescas: las emisoras de radio somalíes, amenazadas por los insurgentes de Hizbul Islam, debieron renunciar incluso a cortinillas y sintonías, reemplazadas por ruidos de vehículos, grabaciones de disparos o cantos de pájaros.

Frente a tan deprimente panorama, puede sorprender que Osama Bin Laden representara un oasis de tolerancia. Kola Boof, una sudanesa que, asegura en su autobiografía, fue obligada a convertirse en su concubina, reveló su debilidad por…Whitney Houston. Maravillado por su belleza, el líder de Al Qaeda ansiaba transformarla en una de sus esposas; se ocuparía luego de convertirla en una verdadera creyente, tras convencerla de que había sufrido un “lavado de cerebro” por crecer como cristiana en Estados Unidos.

Bien pensado, mejor no usar a Bin Laden como ejemplo. Su estrategia de seducción de Whitney pasaba por el asesinato de su entonces esposo, el vocalista Bobby Brown. Según Osama —y puede que no estuviera muy equivocado— el hundimiento de Whitney fue culpa de su marido.

4.

La pseudociencia se cuela en el Congreso, por Javier Salas:

Nada funciona mejor que ese reclamo publicitario de “probado científicamente”, debieron pensarTeresa Jordà (ERC) y Juan Manuel Albendea (PP) al encarar el micrófono ante el hemiciclo. Comenzó la diputada del Grupo Mixto el miércoles 25, interpelando desde su escaño a la ministra de Sanidad: “¿Piensa el Gobierno español regular las terapias naturales (acupuntura, osteopatía, homeopatía, naturopatía, etc.) para dotar de seguridad a la ciudadanía en esta rama de atención a la salud?”.

Jordá defendió ( PDF) que “si en lugar de un problema de cadera el rey tuviera un problema de hemorroides”, le recomendaría que “se tratara mediante acupuntura o lo hiciera mediante homeopatía, que es igualmente eficaz y más barato”, dando por hecho que existe algún tipo de justificación para su argumento evidenciada con estudios científicos. La diputada, argumentando que es más económico su uso que el de medicinas convencionales, abogaba por “su incorporación como cobertura básica del servicio de salud”.

Gracias a presiones como la que pretende ejercer Jordà, España cuenta con un informe oficial (PDF), redactado por el Ministerio de Sanidad, que señala de forma contundente que “las revisiones realizadas concluyen que la homeopatía no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta, los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo”.

En ese contexto, quizá sorprendió más la respuesta que dio la ministra del ramo, Ana Mato, quien se mostró favorable a regular el uso de homeopatía y otras terapias alternativas (desdeñadas en el informe de su propio departamento por inútiles). Hace más de un año, Mato defendió que “medicamentos para afecciones leves podrían ser sustituidos por cualquier otro producto muchas veces natural”, levantando un revuelo considerable. El debate sobre la regulación de estos remedios no es nuevo y la mayoría de los organismos que apuestan por hacerlo buscan que, ya que no curan, al menos no se perjudique la salud de la población con productos sin supervisar y que pudieran contener cualquier cosa.

La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, reclama que se regulen los preparados homeopáticos: “Generalmente se da por hecho que la seguridad de los medicamentos homeopáticos no debería ser una gran preocupación ya que estos medicamentos son a menudo altamente diluidos cuando se administran. No obstante, esto no es siempre así. La gran variedad de materiales utilizados (plantas medicinales, animales y materiales humanos, agentes patógenos, así como minerales y productos químicos) y otros aspectos técnicos de la producción y fabricación de los medicamentos homeopáticos pueden constituir posibles riesgos para su seguridad”, explica un documento ( PDF) sobre estos remedios publicado por la OMS.

Eso, en cuestiones más genéricas y para dolencias menos graves como las hemorroides que Jordà atribuía hipotéticamente al rey Juan Carlos I. Porque la OMS advierte contra el uso de la homeopatía para otro tipo de enfermedades más graves, como la tuberculosis, el sida o la malaria. No es la primera vez que las Cortes se enfrentan a este debate de la “regulación” de terapias alternativas con poco respaldo científico a sus espaldas. Uno de los últimos en defenderlo fue el senador del PNV Iñaki Anasagasti, quien reclamaba que la quiropráctica contara incluso con titulación universitaria propia.

5.

Creacionistas en un comité para libros de texto sobre la evolución.

6.

Por qué deberíamos elegir la ciencia por encima de la creencia, o cómo Michael Shermer se cansó de los libertarios.

7.

Pankaj Mishra contra la novela global.

8.

La prueba del lápiz, los blancos honoríficos y otros absurdos del apartheid, por Marcel Gascón.

9.

Ronald Dworkin y la religión sin Dios.

[Imagen.]

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