SUSO DE TORO EN LA HEMEROTECA

por gascondaniel

periódicos

1.

Suso de Toro, ayer:

Tener memoria es una carga pero es una carga necesaria para ser dueño de la propia vida y por eso para comprender el presente conviene ir de cuando en cuando a las hemerotecas. Las hemerotecas son una cosa que van siendo tragadas por el pasado, ese país sin tierra que nos persigue mordiéndonos los tobillos, pronto no habrá hemerotecas pero mientras las haya son un testimonio incómodo de lo que hicimos o pensamos en su momento.

2.

Suso de Toro, hace unos meses:

Muchas cosas se me hicieron lejanas y viejas pero leyendo la entrevista al crítico literario Ignacio Echevarría me volvió a la boca un sabor desagradable que tenía olvidado. Me refiero a la brutalidad, de eso se trata, que postula para criticar obras literarias y que le parece natural practicar incluso con la primera obra de un autor. Como me imagino que no desconoce todo lo que arriesga un escritor en un libro, se apuesta él mismo, entiendo que le produce un tipo de placer actuar así, no le censuro la búsqueda de placer pero creo que ese modo de actuar es puramente destructivo. Entre ser un publicista de una editorial o un grupo de comunicación y hacer burla y propinar azotes en público hay mucho espacio para ejercer el oficio con dignidad y utilidad para el público, los autores y la literatura. Y entre ejercer un oficio con libertad y ejercerlo caprichosamente también.

Y naturalmente que este comentario es un asunto personal, detrás de lo que escribimos estamos nosotros, también cuando un crítico reseña un libro, pues recuerdo perfectamente el efecto que me produjo una reseña suya de un libro mío, “Trece campanadas” en su edición en castellano, hace justamente diez años. Entonces era un escritor en lengua gallega que vivía de su profesión aunque tenía serias dificultades para ejercerla en Galicia, también tenía esperanzas puestas en el libro en el que había trabajado años, me había divertido escribiéndolo y me gustaba el resultado. Por otro lado parecía un buen momento profesional, un editor había venido a visitarme a mi ciudad para ofrecerme la edición de la novela y reeditar otros libros anteriores en una colección propia. Ni que decir tiene que en aquel momento la reseña en “El País” era muy importante para mí. Recuerdo perfectamente que la leí en el mostrador del bar de un hotel de Valladolid y me dejó helado, el reseñador se burlaba del autor de la novela valiéndose de una falsía: en el libro hay varias voces narradoras, una de ellas es la de un personaje evidentemente peculiar y un tanto disparatado, y Echeverría me atribuía a mí como narrador su confuso discurso. A mi lado estaba un escritor, José María Merino, y sólo pude decir, “¡Este tío ni leyó la novela, me atribuye a mí como narrador lo que dice un personaje!”. Pero me la tuve que tragar.

¿Debí mandar una carta al diario protestando por el daño a mi trabajo de un crítico que había sido sobre negligente destructivo? ¿Un crítico que no había cumplido con su trabajo y que en cambio perjudicaba directamente a un escritor? Entonces no tenía interlocución en ese diario y el crítico parecía evidente que tenía buen asiento en aquellas páginas, me lo tragué hasta hoy pero siempre recordé lo que me pareció su prepotencia irresponsable. Afortunadamente el libro se fue defendiendo solo hasta hoy, pero además en esos días el “Prestige” quedó a la deriva y cuando volví a casa “La Vanguardia” me propuso hacer un reportaje sobre el desastre, en cuanto pisé la costa y leí las primeras líneas del mensaje negro que iba llegando comprendí que todo lo anterior quedaba atrás y que había que atender urgencias más importantes que aquel alarde de incompetencia profesional y prepotencia irresponsable.

3.

Ignacio Echevarría respondía:

Se ha publicado en este diario un artículo de Suso de Toro que replica unas declaraciones mías. El artículo destila el resentimiento almacenado por Suso de Toro durante diez años a raíz de una presunta crítica mía. De hecho, a tenor de las últimas palabras del artículo (“¿Verdad que duele?”), se trata, en rigor, de una venganza. Quizá por aquello de que la venganza es mejor servirla en frío. ¡Diez años después!

Y bien, en respuesta a las palabras de Suso de Toro debo decir que yo no escribí la crítica a la que se refiere. El pobre Suso de Toro padece una confusión. La crítica de la que habla la escribió Ernesto Ayala-Dip, y fue publicada efectivamente en El País, en el suplemento de libros Babelia, el 16 de noviembre de 2002.

[Tras la respuesta de Echevarría, Suso de Toro añadió una nota explicativa a su artículo.]

[Imagen.]

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