Daniel Gascón

Mes: agosto, 2013

NORMA Y TRANSGRESIÓN

1.

La Sociedad Internacional de los Estudios de la Herejía.

2.

Utrecht no se acaba nunca, por Enric González. Foreign Policy y The Economist sobre Gibraltar.

Un poco de zoología.

3.

El plan de Nueva Zelanda para regular las drogas de diseño.

4.

Milagros recientes que quizá hayas pasado por alto.

5.

El primer manual de educación sexual publicado en NorteaméricaY un anuncio de preservativos.

6.

Convivencia de monoteísmos y la única solución al problema del embarazo adolescente.

7.

Hitchens sobre los diez mandamientos.

8.

Los diez mandamientos del dios verdadero.

9.

Dice Kundera en El arte de la novela:

OBSCENIDAD. En un idioma extranjero, se utilizan las palabras obscenas, pero no se las siente como tales. Una palabra obscena, pronunciada con acento, resulta cómica. Dificultad de ser obsceno con una mujer extranjera. Obscenidad: la más profunda raíz que nos liga a nuestra patria.

Moral y bilingüismo.

10.

Tú, muerta, eres mucho mejor que todos los vivos: Richard Feynman escribe a su esposa fallecida.

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SIMULACROS

have a dream

1.

La ciencia no es tu enemigo, por Steven Pinker.

2.

Timur Kuran: La pérdida de legitimidad democrática del islam político. (En inglés.)

3.

Ian Buruma: Cuando los progresistas apoyan golpes militares. (En inglés.)

4.

Escribe Manuel Arias Maldonado:

En el curso de un largo viaje a Italia emprendido en 1787, Goethe, patriarca de las letras alemanas, pasa una temporada en Nápoles. En sus notas de viaje, dice haber encontrado allí un paraíso, un lugar donde las gentes viven «en una suerte de ebrio olvido de sí», cualidad que empieza a reconocer en sí mismo hasta el punto de parecerle ser él mismo en esa ciudad «una persona distinta». Podríamos decir que la atmósfera psicosocial napolitana había logrado envolverlo por completo. Es en esas semanas cuando Goethe reflexiona sobre el mundo del trabajo, rechazando, como recordaba Gramsci, la leyenda de la holgazanería orgánica de los napolitanos, y sugiriendo, en cambio, que éstos son extraordinariamente activos. Sucede que es la suya una industriosidad no productiva, porque no se dirige a satisfacer las exigencias de una organización pautada del trabajo, sino que sería un hacer gobernado por el instinto antes que por la razón. Esto, por causas distintas, agradaba tanto a Goethe como a Gramsci: uno veía la poesía, otro la política.

Es difícil exagerar la vigencia de estas reflexiones, ahora que la crisis del euro ha precipitado el choque entre las dos Europas, o sea, entre la industriosidad productiva del norte y la industriosidad improductiva del sur. Para Goethe, sobre todo para Goethe a través de Gramsci, el problema del sur no tiene nada que ver con la pereza, sino con una mentalidad que se rebela inconscientemente contra los modelos hegemónicos. ¡La siesta para quienes la duermen! Desde luego, es un planteamiento seductor, que sugiere que distintas culturas requieren de distintos sistemas productivos, adaptados a su idiosincrasia. Digamos entonces que no podríamos ser alemanes, ni los alemanes pueden obligarnos a serlo; debemos, pues, encontrara un camino propio.

Por desgracia, es un planteamiento falaz. Supongamos, por un momento, que andaluces y españoles responden a los rasgos descritos por Goethe para los napolitanos: personas industriosas, pero  improductivas; personas, también, que prefieren ser felices antes que estar satisfechas: el aperitivo antes que la virtud. No habría, en principio, ningún impedimento para que esa sociedad rechazara los modelos organizativos que le son antagónicos, ya sean el capitalismo anglosajón o el renano, y desarrollase su propia alternativa. Hay, sin embargo, un problema. Y es que existe una insalvable contradicción entre ese paradójico vitalismo indolente y el coste de los servicios de bienestar que simultáneamente demandamos. Dicho de otra manera, no podemos tenerlo todo. Porque la defensa de la idiosincrasia cultural no crea puestos de trabajo, ni aumenta las exportaciones con las que pagamos los servicios públicos; nos guste o no.

De alguna manera, la vida es un juego de idealizaciones; el paraíso siempre está en otra parte, ya sea un recuerdo u otra ciudad. Goethe, de paso por Nápoles, queda fascinado por la indolencia meridional y defiende el valor de ese trajín entrañable de telas y pescados.

Para la pobreza de los napolitanos en oposición a la riqueza de los prusianos, por el contrario, Goethe no tiene tiempo. Parece que nosotros tampoco, porque seguimos rechazando las recetas conocidas en nombre de un orgullo meridional sin contenido específico. Seamos distintos, decimos, pero ¿cómo son un mercado de trabajo adaptado al enchufismo, una estructura salarial adaptada a la picaresca, un sistema de servicios adaptado a nuestra dejadez? No nos engañemos. Ni España ni Andalucía son alternativas sistémicas a Noruega o Baviera.

Podemos elegir un subdesarrollo con encanto y seguir siendo el apeadero exótico de los forasteros; podemos esperar sentados, en un ebrio olvido de nosotros mismos, al nuevo Goethe. Pero hagámoslo con plena conciencia y no lloremos después, a la vista de las consecuencias.

5.

El Reino Unido es aún en sí mismo (y en cosas, a veces, decididamente tan agradables) una colonia cuya metrópoli es el pasado, escribe Arcadi Espada.

6.

Enrique Krauze: Por un canal cultural.

7.

Los simulacros del periodismo, por Cristian Campos.

8.

Si eres de izquierdas, ¿por qué tienes tanto dinero?, por Lluís Orriols.

9.

Kurt Vonnegut al senador John F. Kennedy: De vez en cuando, escribo bastante bien.

10.

Rafael Berrio: Simulacro.

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MENÚ DEL DÍA

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1.

El Estado innova mucho más de lo que te han contado.

2.

¿Puede tener éxito el experimento español?

3.

Sin noticias del presidente.

4.

La cocina del futuro en 1940.

4.

Orwell, The Economist y una ensalada de metáforas.

5.

Los británicos en la mesa.

6.

Europa es la leche.

7.

Lo peor que le puede pasar a un cruasán.

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LA TIRANÍA SIEMPRE ES TIRANÍA

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1.

Libertad: una década perdida.

2.

Antonio Muñoz Molina escribe:

Todo ha estado mucho más claro este mes de julio, y lo estará más aún cada día, cada semana que pase. Gracias a las serviciales normas del Gobierno las compañías eléctricas no tendrán ni siquiera que preocuparse de la modestísima competencia que les harían esas personas cándidas empeñadas en instalarse unos paneles solares en el tejado o un molino eólico en el jardín. Quien paga manda. Se abandona a las librerías a su suerte y se suprimen las compras de libros y las suscripciones a revistas en las bibliotecas públicas, pero el presidente de la Comunidad de Madrid inaugura con pompa el almacén de Amazon. Instituciones científicas que han tardado décadas en alcanzar su pleno rendimiento irán a la ruina por los recortes del Gobierno, pero rebajas fiscales de centenares de millones de fondos públicos subvencionarán los casinos y los prostíbulos de Eurovegas.

3.

El PP suspende en el giro corporativo, por John Müller.

4.

Trama de espías con un pederasta, por Ignacio Cembrero.

5.

La tiranía siempre es tiranía, por Kenan Malik:

Oponerse al golpe del ejército, oponerse al encarcelamiento de Morsi y otros líderes de los Hermanos Musulmanes no es, como han insinuado muchos, defender el islamismo. La tiranía y la represión no se vuelven aceptables solo porque los objetivos de esa tiranía y opresión sean islamistas o antidemócratas. Los frutos de la democracia y la libertad deben aplicarse a todos o pierden su sentido. Debemos oponernos al golpe del ejército por la misma razón por la que tenemos que oponernos a Mohammed Morsi y los Hermanos Musulmanes: para defender la libertad y la democracia como bienes en sí.

6.

Pankaj Mishra conversa con Orhan Pamuk.

7.

Keith Lowe: Lo que hacían los soldados en la segunda guerra mundial.

8.

Lo que piensa un columnista: Luis Grañena retrata los temas de Simon Kuper.

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DIRECCIÓN PROHIBIDA

milton

1.

Censurando a los censores, por Ronan Farron y Shamila N. Chaudary.

2.

600 latigazos y siete años de cárcel por insultar al islam.

3.

La peor forma de blasfemia es obligar a los demás a vivir con miedo: una carta al parlamento de Pakistán.

4.

Aeropagiticaaquí, el texto.

5.

Limitaciones a la libertad de expresión en Hungría, por Tamás Szigeti.

6.

¿Libertad para la historia? El caso contra las leyes de la memoria, por Josei Appleton.

7.

La gran (porno)muralla británica.

8.

Cuando Samuel Johnson publicó su Diccionario, lo felicitó una delegación de señoras de Londres.

-Doctor Johnson -dijeron-, estamos encantadas de que no haya incluido palabras indecentes u obscenas en su diccionario.

-Señoras, yo puedo felicitarlas por haber sido capaces de buscarlas.

Lo cuenta Hitchens en esta charla sobre la libertad de expresión.

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HIJOS ILEGÍTIMOS

polonia

1.

La nueva cuestión alemana, por Timothy Garton Ash.

2.

Una entrevista con Adam Michnik sobre Europa, Polonia y el legado del comunismo: 1 y 2.

3.

Espada responde a Carreras. Pericay sobre crisis y máscaras.

4.

Sobre la ley de galleguidad.

5.

Escribe Sebreli en El asedio a la modernidad:

Los nacionalistas personalizan la tierra, la transforman en un sujeto del cual los habitantes serían un mero atributo. Por eso los derechos individuales son subordinados a la soberanía nacional: “primero la tierra, después los hombres”, es una típica consigna nacionalista, pero la tierra no tiene ningún valor en sí sino por los hombres que la habitan y la trabajan. El Estado nacional no debería ser un fin en sí, sino un medio para defender los derechos de los ciudadanos. Por lo tanto, hay que desacralizar y relativizar el concepto de soberanía territorial, y absolutizar, en cambio, los derechos individuales y la vida humana como lo único verdaderamente sagrado e inalienable.

[…]

Las psicologías de los pueblos, las caracterologías nacionales, tienen dificultades en explicar cómo se transmite de generación en generación el “alma del pueblo”, a pesar de los cambios de tal magnitud que hacen peligrar la permanencia de la “unidad orgánica”. A comienzos del siglo xviii, los ingleses acababan de salir de una revolución y de una guerra civil, y pasaban por ser un pueblo de revoltosos frente a los franceses, que, bajo la monarquía absoluta, parecían pacíficos y conservadores. A finales del siglo xviii, estas diferencias se invirtieron y los ingleses, que habían logrado estabilizar su régimen político, aparecieron, entonces, como pacíficos y conservadores, frente a los turbulentos franceses de la Gran Revolución. Los desenfrenados ingleses de la época isabelina fueron los mismo reprimidos y gazmoños de la época victoriana y volvieron a ser los exuberantes y frenéticos de la swinging London en los años sesenta. Según el tópico, los franceses se caracterizan por su esprit de mesure, pero como recordaba Ernesto Sábato, son franceses Robespierre, Marat, Barba Azul, el marqués de Sade, el proceso Dreyfus, los surrealistas, Céline. Durante el siglo xviii y parte del xix, los alemanes fueron considerados un pueblo poco práctico, sólo inclinado a la música, a la poesía y a la filosofía, hasta que la industrialización y el desarrollo capitalista los mostraron bajo una fase distinta. Los escandinavos, desde sus orígenes vikingos, estaban entre los pueblos más belicosos, atemorizaban a los vecinos, desataban sangrientas guerras. Esa situación de guerra permanente duró hasta la era napoleónica. Hoy, por el contrario, se encuentran entre los pueblos más pacíficos del mundo.

6.

30 años de la muerte de Raymond Aron y un fragmento de sus memorias.

7.

Cómo el FBI hizo que me aficionara a los libros raros.

8.

Intelectuales en la máquina de guerra de las SS.

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